( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

Número 4 - 001


Primera de la Reverenda Madre Ramona,
 Priora del Hospital de la Santa Creu
 a   S.A.D. Maria Manuela de Montespan


Excelentísima Señora y Patrona nuestra,

S
abed que a este recado se acompaña, aparte de dos garrafas de ese cordial que tanto os agrada, del que hacen nuestras hermanas, una súplica que deseo haceros llegar, muy a mi pesar.

Sabed que hemos llegado a un punto en que la buena voluntad y la caridad supera la paciencia humana y el deber cristiano. Y puesto que de cristianos nos tenemos, como tal he de rogaros que deis recado para que vengan a recoger sin mayor dilación al Duquesito de Montecarmelo, al que trajisteis Vos, según dijisteis aquejado de tercianas. Yo comprendo que determinados, llamemos, comportamientos, pueden ser confundidos con una fiebre de esas. Pero creedme, no son tercianas, no. Pienso que no podemos hacer mucho mas por el, y la verdad es que causa gran trastorno en el hospital.

Por ser quien es Dom Joam, y dada la gravedad de su enfermedad, toleramos sus desvaríos, pobre hombre, cuando con la manta, una cuerda y dos cojines se hizo una especie de miriñaque. Nos costó un poco más tolerar que, ataviado de esa guisa, se dedicase a perseguir a los mozos que traen los suministros a nuestra casa gritando "tomadme, tomadme haced de mis carnes y las vuestras una sola". De hecho, las dos garrafas de cordial que os acompaño con la presente las tuvimos que esconder para que no se las bebiera, tal como ha hecho con las otras. Creedme que amén de lo indecoroso de la situación, he tenido que aguantar los lloros de hombretones pidiéndome que les protegiera de "la bruja esa que les soba". Asimismo, también toleramos en su momento las visitas que recibe, como la de ese grupo de jóvenes escandalosos, vestidos con esas sedas y luciendo esos lunares, que, rompiendo la paz de nuestro establecimiento, venían a consolar a Dom Joam en su enfermedad. Y es que la caridad cristiana no tiene límites. Pero una comienza a pensar en esos límites y lo cercanos que están cuando se ponían todos ellos a fumar hierbajos y a meterse por las narices un polvillo que supongo -es un suponer- sería rapé y el dispensario se asemejaba a un salón cortesano -Dom Joam exigió que para esas ocasiones quedara a su entera disposición la sala y no entrara nadie más- hasta el extremo que ninguna de mis hermanas se atrevía a entrar a barrer hasta pasados dos días de la demoníaca reunión por puro miedo.

Pero, Excelentísima Patrona, hemos llegado a un punto en el que toda virtud cristiana se queda corta e insuficiente para soportar la situación. Sabed que Dom Joam ha sido objeto de un ataque de delirio lírico, y persigue a todas las monjas del Hospital recitándoles poemas de amor espantosos, que no por lo obsceno ni por lo atrevido, que somos monjas, pero no débiles mentales, sino por lo espantoso y burdo de los mismos está causando graves trastornos en el quehacer diario de nuestra casa. Mis hermanas se niegan a acercarse a el, y si alguna, imbuida de espíritu cristiano y sacrificado lo hace, vuelve llorando diciendo que no lo puede soportar y que deja los hábitos, que una cosa es amar a Dios y otra muy distinta el martirio sin causa.

Ruego pues, Excelentísima Patrona, deis las instrucciones oportunas y nos liberéis de tan pesada carga, que por muy Ilustre que es, no por ello menos pesada. Y perdonad nuestra cobardía.

Dios Os guarde

R. M. Ramona

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