( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

GOTA       Misivas - 1     Misivas - 2   Misivas - 3    Menú
Número 4 - 008


Primera de Mª Bernarda del Jinjol i Taronger
a  Fulgencia de la Lobera


Queridísima Fulgencia:

Tiempo ha que no tengo contacto epistolar contigo. Cierto es que hemos hablado (y mucho) por otras vías, pero no he tenido ocasión de contarte mis últimos periplos mundanos. ¡Qué quieres, hija! ¡Una está tan ocupada en sus quehaceres diarios!

Por fin he logrado ponerme a escribir yo misma de mi puño y letra, puesto que mi fiel Don Takei últimamente está cometiendo graves faltas de ortografía que me tienen seriamente preocupada. Debido a este estado de catetez repentina, me he visto obligada a sentarme en el escritorio y ponerme manos a la obra (Ya sé que es una expresión muy vulgar para una dama como yo, pero no tenía otra en la cabeza... NO, querida, no tiene nada que ver con que haya pasado últimamente por una obra llena de obreros ligeros de ropa y sudorosos... Bueno, vale, me callo, que se me va la chaveta).

En fin, el motivo de ponerme en contacto contigo, oh, Fulgencia, es que quiero contarte con pelos y señales el último viaje que mi marido y yo, acompañados por unas amistades, hemos realizado a la Corte Barcelonesa.

Ya sabes que ha tiempo que estaba dándole vueltas a hacer una visita a nuestras primas, hermanas, primas-hermanas, amigas, etc. de la Corte Barcelonesa, pero como también sabes, mis distintas ocupaciones en mis tierras me mantienen esclava a una Chaise-longue con sombrilla mientras veo a mis criados trabajar.

La cuestión es que, después de alquilar un palacete sito en la Calle Valencia (no podía ser de otra manera, como puedes imaginar) de la Ciudad Condal, mi marido y yo decidimos coger un tren (hija, para viajes largos lo prefiero a la calesa) y plantarnos allí, donde fuimos gratamente recibidos por el gentil Don Capi-, del que ya conoces con seguridad sus dotes (sí, dotes) de seriedad, sencillez, amabilidad y savoir faire (¿qué te pensabas, pillina??). Nuestro estimado caballero nos guió en su particular calesa hasta nuestro palacete, donde fuimos atendidos con corrección.

Después, nos dedicamos a realizar una serie de gestiones por Barcelona y aprovechar para re-visitarla, pues ha tiempo que no dábamos un largo paseo por ella. Como siempre, quedamos rendidos ante la belleza de esa ciudad tan familiar para nosotros.

Fue al día siguiente cuando fuimos invitados a una recepción en el Palacio de los Marqueses de Lagartera, Don Fabio y Doña Albertina, que fueron unos excelentes anfitriones y así te lo hago constar a ti, Fulgencia, que conozco de tu discreción ante la Corte. Allí pudimos por fin hablar en persona con la Duquesa de Montespán, a la que hace años que no veía. ¡Ay, Fulgencia! ¡Qué ilusión me hizo poder hablar de nuevo con Maria Manuela! Todo hay que decirlo, la verdad es que faltabais tú y Yorelia para poner la guinda, pero no te voy a ocultar que, a pesar de ello, lo pasamos divinamente. También tuve ocasión de conocer al caballero Don Marc de Polo y a su pareja. Con cierto retraso se incorporó la gran dama Doña Siberiana Siberianova, una noble procedente de la Corte Rusa, que nos encantó con su gracia y donaire.

Tras la recepción, fuimos a visitar diversos cabarets y salones de bailes de la Capital, donde se nos unió la ingeniosa Doña Trullina del Raposal y Montespán, que nos acompañó ya el resto de la noche. Una noche inolvidable por la agradable y sin par compañía de la que gozamos. Te digo en confidencia, Fulgencia, que no podía parar de reír por las ocurrencias de las Damas y Caballeros barceloneses. Eso, unido a los efluvios alcohólicos, hizo el resto.

De vuelta a la Corte Valenciana, todavía recuerdo gozosa el viaje y te digo, Fulgencia, que no tardaremos en volver. También quería comentarte que tu idea de realizar una pequeña cumbre levantina en la Capital del Reino, ha sido bastante bien acogida por la Corte Barcelonesa. Te conmino (que no comino) a que entre tú, Yorelia y yo misma hagamos los preparativos necesarios para que la idea llegue a buen puerto.

En fin, querida... Creo que por hoy ya está bien, que tengo los ojos escocidos y la mano encalambrada.

Aprovecho para enviarte muchos besos valencianos, tanto a ti como a tu señor marido. Decirte que te cuides y que espero tu respuesta.


Mª Bernarda de Jinjol i Taronger
Marquesa de lo Bonico y Jamía
Vizcondesa de Russafa
Señora de Patraix

arriba

 
Alojamiento Web