( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

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Número 4 - 011


Segunda de Yorelia de Winter y Manzanares,
Marquesa del férreo camino
Fulgencia de la Lobera
Marquesa del Yermo y de la Vega


Querida Fulgencia:

Cuanto tiempo sin cartearme contigo, pero múltiples acontecimientos sociales, íntimos y públicos me han tenido apartada del escribiente.

Lo primero que quería era echarte una buena regañina por no haber acudido a la boda de los señores de Lagartera, a la que prometiste ir. Supongo que las caballerías no se encontraban con fuerzas para cargar con todo un equipaje de boda de Doña Fulgencia, y encima con Fulgencia... uy! perdón. Pero es verdad que los calores que sufrimos fueron realmente pecaminosos para las fechas. 


Yo, Fulgencia... no entiendo una cosa, a ver si tú, mas versada, me la puedes explicar. ¿Cómo es posible que se casara esta pareja si no ha mucho tiempo yo misma, por mediación de mi ahijado Don Joseph de Bateles, fletamos una nao a su servicio para que celebraran un viaje de nupcias...? ¿Fue un viaje fuera de la ley de Dios? ¿Fue un viaje para desembarazarse de algo inadecuado y fuera de fechas? No se, pero yo no entiendo nada.


De todos modos, esta ceremonia quedó de lo mas lucida, y no te digo más que nuestra querida Manuela de Montespán hizo de Oficianta, nada menos. ¿Qué más se podía pedir? Pues el todo Barcina, Fulgy, porque estuvieron todos, menos los señores de Mercuchoff, que se encontraban en un balneario insular por indicación médica.


Ell@s iban de blanco inmaculado (humm) y nos prohibieron a los invitados ir de blanco, un detalle muy bonito, porque, entre tu y yo, a Manuela el blanco no le pega... la hace joven y simpática.

Nos empolvamos mucho la nariz, pues con el calor, los brillos salían en cuanto te acalorabas un poquito. Así que mi querida hermana Trullina del Raposal tuvo la inteligente idea de llevarse unos polvillos de maquillar la nariz en una polvera discretísima, que nos hizo gran servicio. En fin, que fue todo un disfrute para el alma y para los sentidos. Imagínate, ver a toda la familia noble en una celebración tan bonita, y encima asegurando nuestra continuidad. Hay mil detalles que te contaría, pero no quiero extenderme demasiado. Si vienes a Majerit te los cuento, y si no, te quedas con las ganas...

 

En otro orden de cosas te diré que he despedido al músico ese que teníamos en el ala Norte, ya sabes, donde mas frío hacía. Si, mujer, el muchacho ese que me buscaron la bestia de Marianela y mi perro para casarme cuando estuve tan mala. Ese.


Como influencias no me faltan en esta ciudad, acudí al Obispado para anular el matrimonio, y tuve que contarles cómo fue. No daban crédito a la manera en que me había encontrado casada, y no hizo falta mucha mas presión. Accedieron a darme la nulidad enseguida. Así que aquí me tienes, sola y encargada de todo el palacio yo. Aunque bueno, ya era encargada de todo el palacio antes... pero las tareas que menos me gustaban se las encargué a él. Así que vuelvo a estar como hace dos años, soltera, entera y dispuesta para lo que venga, que al final, una se tiene que hacer fuerte y apañárselas sola en esta vida. 


Aquí quedamos Mrs. Denvers a cargo de la intendencia de palacio y yo ahora a cuidar mi jardín más que nunca por mi misma. En fin, Fulgencia, no te entretengo mas. Espero verte pronto.

Un beso silencioso.


Yorelia de Winter y Manzanares
Marquesa del Férreo Camino
Mandergay

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