( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

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Número 4 - 025


Segunda  de   Odysseus - I de Éden,
 a   Mercuchoff  de TT. LL. RR.


Mi muy querido Mercuchoff:

 

Estoy de hasta donde le cuelgan al caballo de la estatua de esta formación que estoy llevando en Magerit. 

No te niego que es importante para el futuro de mi principado, pero es que, en confidencia, entre los estudios, los asuntos de Estado y mi madre, sobre todo mi madre... mira, nada más ayer comentaba con el Marques de la Pluma y de la Caña, Dom Lorenz que quería ver con él un asunto muy novedoso de sobre un modo dinámico de edición en la Imprenta del Estado y me dijo, literalmente ...."¿no será en tu tiempo libre?". ¡Cuanta verdad!. Ese tiempo no existe, por ahora. Por eso pienso desquitarme y te amenaz ... digo que te anuncio con ir allá para la noche de San Silvestre y dos o tres vísperas mas. 


Lo cierto es que mi madre, con esto de que le ha tomado el gusto a ser Alteza Serenísima Emérita e Itinerante, y con tanta itinerancia no hace más que ponerse por medio. A tu madre la tiene cosida a cartas, la pobre. A Yorelia la lleva por la Gran Vía de la Amargura, empeñada que se ponga las sayitas de canalé que a ella tanto le gustan y que a los demás nos horrorizan tanto.

 Menos mal que no se fue de modistos con Doña Millenia y con mi querida Yorelia, hubieran acabado mal. Ya sabes que cuando mi madre se empeña no hay quien la detenga, es como un buque con firme derrota. Que por cierto, hablando de buque, el otro día la vi salir del palacete de la puerta de Bagoas, cuando quedó en la soireé del palacio de los Duques de Tebar, donde estaba alojada Fulgencia, suicidada con un corpiño dos tallas menos y a punto de que la llamaran artista. Como así fue al final. 


Y luego viene lo del retrato. Estoy de acuerdo con Yorelia, una mujer debe ir con el pelo recogido, por eso cuando vi el boceto de Henri de la Brochagorde con las enaguas de salto de cama me quedé perplejo. ¿Qué ha sido del famoso moño de Maria de las Mercedes?. Le he dado una severa reprimenda al pintor, por no seguir mis indicaciones. Quería un buen retrato posado, no un recién levantado . Además, Yorelia dice que parece atiborrada de Jalea Real. Eso, sin embargo, no es cierto. Mamá siempre ha tenido el cutis muy terso, fruto de sus cuidados con el vapor y el agua. De ahí que parezca tan joven. En realidad, tu lo sabes, mi querido Mercuchof. Me va a costar convencer a mi madre de que se haga otro retrato, entre otras cosas porque ella esta encantada, a pesar de que muchos digan que es de su juventud; no es así, mi madre siempre ha sido muy fresca. 


Luego están los acompañantes. Si dijéramos que escoge a uno, o que uno lo escoge a ella, pero es que doncel que ve, doncel que se le antoja, que los quiere todos para sí, que es una ansiosa. Yo le digo que moderación y ella me dice que leches. No hay manera que se concentre en las rosas, que antaño tanto le gustaban, ni en el bordado, labor tradicional del Principado. Ella va a salir a cenar, a ver tiendas con Yorelia, a desayunar en el Café de San Luis, a pasearse por Magerit, a tomar sus baños, pero centrarse lo que se dice centrarse no se centra. Y no me deja concentrarme a mí. Y entre atenderla a ella, atender los deberes del Principado y los de la Escuela encuentro que no tengo tiempo. Así que creo que la voy a mandar de crucero. Por el Nilo. A ver si se relaja, o en su defecto, nos relajamos nosotros. Sobre todo tu madre. ¿Cómo le va la muñeca, por cierto? 


Y eso es todo. Un beso rápido a ti y a la querida Svenka. Y a tu madre, por supuesto

Odysseus I de Éden

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