( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

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Número 4 - 026


Primera  de   María Máxima Deloplus Mercuchova, Gran Duquesa del Salar,
a  S.A.S.I.  María de las Mercedes, Princesa Madre de Éden.


Querida Merceditas,

No tengo la muñeca rota, pero sí pereza para escribir. Tanta como para leer. No ya tus noticias, que siempre las devoro con gusto, pero sí cualquier cosa impresa.

Además, no te he escrito antes por dos razones. La primera es que estoy informada de tus andanzas por varias vías, ya sabes, de igual forma que me consta que sabes de las mías. Y si no me lo cuentan, miro la bola, hago algunas cosillas, me entretengo un rato ... y me entero de algo, si no de todo. La segunda es que no acabo de vislumbrar qué narices te pasa, y así poco puedo opinar y aconsejar -que me gusta muy poco, pero que es obligación entre amigas-. Casi no sé que decirte, bueno casi, porque saberlo, lo sé. Pero siendo grueso, he preferido esperar a estar un poco más segura.

Recordarás que, no hace mucho, te aconsejaba salir, airearte, aprovechar ahora que tu hijo ejerce al frente del principado, para dejar esa rosaleda que tantos recuerdos te trae. Viajar, ver mundo, culturizarte. Pero no culturizarte con ese afán de los aprendices que, más que asimilar la cultura, memorizan los datos, como si ella se limitara a estos. Más bien mezclarte de cultura, que bastantes cosas zafias has tenido que soportar -no sólo en la corte- como para no merecer, ahora, beber las auténticas fuentes del saber.

En lugar de esto, me cuentas -y me cuentan más aún- que te dedicas a las excursiones temerarias en cotos desconocidos, a meced de osos y otras fieras salvajes. No digo que la naturaleza sea perjudicial, pero de una ensalada a un oso hay un trecho. Aún estoy agradeciendo a tu Ángel de la guarda el que haya permitido que salieras con bien de aquellos matorrales. Lo que no podrá evitar el buen Ángel es que te llamen p... atosa.

Tampoco ha podido evitar, a lo que se ve, que el golpe en la cabeza te haga desvariar. ¡Porque vamos, vamos, vamos! ¡Mira que desear salud a mi esposa! Una fue bollera y lo seguirá siendo, que hay cosas que no cambian, ni ganas, a partir de cierta edad. Y la mía es muy, pero que muy cierta. Pero casada nunca, y con una mujer menos. Supongo que, con la caída, se te hicieron un tresbolillo las meninges. Espero no te dure mucho.

¿Quieres decir que no hay en Majerit otra fuente de placer, cultural, que esos alrededores silvestres? Mira, nena, tú siempre has sido de ciudad, de mucha ciudad. No sé a qué viene ahora excursionarte de matorral en matorral. Tendría explicación, que no comparto, si lo hicieses por afán conservacionista. Sabido es que están desapareciendo los matorrales de todo campo próximo a cualquier urbe. Fíjate en los antiguos terrenos de caza de Joam, monte de los judíos se llama, que lo han dejado más limpio de matojos, que a San Juan de pulgas. Al extremo que dice, el Duque, que ya no va de caza, que no es lo mismo. Pero despedir la flora en extinción de esa forma tan ... profana y mezclarla con la despedida de una fauna que sobreabunda -y más que lo hará- no es adecuado en una dama. Y menos en una Serenísima Princesa. 

Pero no he de ser yo quien te dé lecciones de moral. Basta con que digas -como dices- que lo pasaste bien, para dar por bueno el tropezón, las habladurías, y hasta la sopa de meninges.

Comienzo la segunda hoja de papel (de una resma excelente que trajo D. Wo Rd-perfe, recomendado por Yorelia) y aún no te he contado rumores y certezas. Pondré rauda solución.


Resulta que apareció, en uno de los muelles del puerto de Barcino-nova, el supuesto cadáver de Pápula. La noticia se dio a conocer con un comunicado pretendidamente justiciero, así como si se quisiera cerrar una etapa, matar a la mensajera, y simular que los mensajes no existieron. Tan pretencioso montaje puede colar en las mentes simples, pero no me cabe duda de que tan sólo es una cortina de humo que, de salirles bien a sus urdidores, permitirá a Pápula ejercer su 'arte' con la libertad de cualquier desconocida. Sabido es que ya no acudía a las convenciones y saraos de la alta sociedad, y que, si alguna vez se colaba, todos la hacían de lado para que de nada se enterara, conocida como es -hablo en presente, que creo que está muy viva- su habilidad para convertir en truculento cualquier inocente acontecimiento.

También es comidilla corriente en los murmullos de la corte, la reciente mudanza que ha realizado Trullina, abandonado su palacete de la nueva zona paralelepípeda de la ciudad con destino al palacio que, en Gracia, tiene Manuela. Las suposiciones más benévolas aseguran que para darse placer con nefando incesto. Las más perversas versiones hablan de calderos, pócimas y malignos como si los conociesen de toda la vida. El caso es que se ve mucho movimiento en las cancelas del citado palacio, que ahora aloja a ambas y, aunque de varones no se habla, sí se comenta la enorme cantidades de ingredientes -supuestamente de cocina- que entran en él.

Mi versión sobre el tema, es que están tramando lo peor de lo peor, algo que, de producirse, acabaría con la dignidad -ya muy dolida- de la corte toda. Tratan, a mi juicio, de confeccionar unas memorias. De ellas mismas y de sus ascendientes cercanas. Y tratan de publicarlas con todo lujo de detalles -incluso gráficos- sacando así unos dineros que, sin hacerles falta, aumentarían sin duda su influencia. De citar esas hembras todas sus relaciones y todas las de su madre y abuelas, temblarían varios estados. Principalmente, pero no sólo, el francés.


En cuanto a los ingredientes no imagino para que serán, pero ya averiguaré.

Por otra parte, Joam, parece haber encontrado la paz de espíritu desde que le visita con asiduidad un noble de las Indias occidentales. Eduardinyo, o algo así, dice llamarse. Claro que esta paz no merma su natural sagacidad y buen humor, por lo que sigue siendo un placer tratar con él.

Y por ahora ya está bien, que la pereza sigue siendo grande, y este papel va caro.

Besos.

M. Máxima.

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