( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

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Número 4 - 036


Primera de S.M.A.S. Yorelia de Winter y Manzanares,
Marquesa del férreo camino
María de las Mercedes y Curtidores,
Princesa-Madre Serenísima de Eden


Mercedes, Mercedes, Mercedes,

no veía el momento de redactar esta misiva, pues tenía ganas de contarte esto cuanto antes y nada mas amanecerme a media mañana (ya sabes que en mandergay a mi me amanece cuando abro los ojos y nunca antes ni después) he hecho llamar al escribiente para ponerme a dictarle.

Como sabes, estuvimos Millenia y yo en la Corte Catalana este fin de semana. Recogí a Milly en Cesaraugusta, que vino desde tierras salvajes en silla de postas, con el populacho. Hija, qué quieres que te cuente, ya sabes como es Millenia de suya, y continuamos viaje juntas en mi litera hasta Barcina. El viaje fue estupendo, pues Millenia venía ansiosa de noticias y un poco alterada por mezclarse con el pueblo llano, así que fuimos todo el camino en animada charla.

Nada mas llegar a Barcina, desembarcamos a Milly en el Palais du Paralel, propiedad de una familiar suya, y continué viaje al palacio de la Montespán, como tenía previsto. Allí había convocada una reunión a la que acudió la Corte mas próxima, tu querido señor Mercuchoff de TT LL RR, Dom Joam de Montercarmelo, Trullina del Raposal y la propia Manuela de Montespán. En cuanto se nos volvió a unir Millenia de Gotolight degustamos una cena en un local de la confianza de la Montespán, pues ya sabes que Manuela no come en cualquier sitio fuera de palacio. Animada cena en la que Millenia conoció a Dom Joam, pues aun no habían tenido ocasión de degustarse uno al otro (esto es que no habían tenido ocasión de conocerse, no que se comieran vivos el uno al otro, Mercedes, por Dios, que siempre estás pensando en lo único!). Luego hubo una sesión de espirituosos en el Palacio de la Buena Mesa, donde nos dieron las tantas a Manuela, Millenia y a mi, pues había muchas cosas que contarse. Tan las tantas nos dieron, que Millenia quedó traspuestas en la chaise-longue, mueble con poderes para sumir en dulces sueños a quien en él pasa mas de 5 minutos, pues verás a lo largo de la misiva que todo el que se sentaba en ella, terminaba dormido.

Una vez dispuestas tras un reparador sueño hasta medio día, disfrutamos de una comida campestre a base de calçots, las tres señoras y Don Mercuchoff, y tras ésta, nos visitaron Dom Marc de Polo y marido, venidos de las tierras que lindan con nuestras fronteras.

A la cena de esa noche acudió prácticamente toda la Corte Catalana, incluido un misterioso señor cuyas iniciales son MQA, y hasta aquí puedo leer, que es un SE ÑOR DE CLA SE como no había visto nunca. Exquisito en el trato y con mas tablas sociales de las que jamás había visto, tan solo en Dom Joam. Manuela y yo terminamos la velada con él, y volvió a haber sesión de espirituosos en el palacio de la Montespán.

Y ahora, Mercedes, agárrate bien las enaguas porque si llegas a ver lo que yo vi, te aseguro que te tiemblan a ti también. Manuela cometió el error de sentarse durante más de 5 minutos en la chaise-longue de la que antes te he hablado, y claro, quedó transpuesta también, con lo que el señor MQA y yo seguimos departiendo solos, oyendo a Manuela en su “delicada” respiración onírica. En mitad de la animada charla, y dándonos ya las claras del día, Manuela despierta incomprensiblemente del sueño, su criado Victor1 le acerca nota procedente del Palais Nouveau, y visto y no visto, Manuela se agarra el miriñaque con ambas manos, lo levanta 10 centímetros por encima de sus zapatos para caminar mejor, y sale por las calles de Barcina, sin esperar cochero ni nada, camino del Palais Nouveau con un genio que si se le llega a ocurrir cruzar el mar, te juro que éste se abre para dejarla paso. Yo quedé nerviosa, pues tenía que volver a Majerit al día siguiente y quedé preocupada de si ésta señora iba a dejar títere con cabeza y destrozara los caminos a su paso, pues iba hecha un terremoto.

Al final, todo quedó en un susto, pues a la hora de comer ya estaba Manuela allí para recibir a todos los invitados, que hasta una encantadora hermana de Trullina del Raposal se acercó a visitarnos. Al final, Manuela me contó que pidió perdón a su marido rezando de rodillas frente a él una plegaria y un “mea culpa” y todo quedó en nada. Merceditas, nunca un hombre había doblegado así a la Montespán… creo que ha dado con el hombre que la merece.

Después de la animada comida, hubo actividades varias, incluida la actuación Doña Siberiana Siberianova, ya sabes la Gran Duquesa de Siberia, muy querida por la corte, que nos hizo pasar un rato inolvidable. No tengo que recordarte que ésta señora es mecenas de artistas teatreros y a ella misma le gusta recitar versos en público de vez en cuando.

Al final del día, y siendo ya la hora de marcharme hacia Majerit, nos despedimos Manuela y yo con chanzas y maldiciones varias, en un rato de confianza y camaradería. Acerqué al Palais du Paralel a Millenia, que estaba rendida de cansancio, pues he descubierto que tiene la costumbre de digerir los alimentos como una boa y se queda ausente unos minutos después de las comidas, y a Dom Joseph de Cruixers y Bateles, pues no se encontraban lejos de mi ruta hacia Majerit.

El viaje… no sé si contártelo, pues me acordé de las maldiciones de Manuela e incluso de algún familiar difunto suyo. Cuando estábamos atravesando Ilerda (Lleida, so burra) en medio de una más que espesa niebla, uno de los farolillos delanteros del carruaje dejó de lucir, con lo que quedamos a merced de la velocidad y tambaleo de los carruajes de delante, que gracias a Dios, también circulaban a esa hora. Como mi cochero aún no sabe todo el funcionamiento de mi calesa, no supo reparar el desperfecto, y tuvimos que ir prácticamente a ciegas, sin luz y con un muro de niebla por delante, hasta la primera parada de postas abierta, ya en tierras aragonesas. Menos mal que uno de los empleados de los abrevaderos estatales, que por cierto, le hubieras hecho un favor, tu y cualquier dama que se tenga por hembra de tronío, sabía como reparar y rellenar de aceite farolillos estropeados. No tuve, desgraciadamente, ocasión de agradecerle el favor, pues eran ya altas horas de la madrugada y debía llegar a Mandergay cuanto antes. La próxima vez que Manoli me eche una maldición, aunque sea en broma, la tapo la boca con el abanico de mármol.

En fin, Merche, que ya estoy de nuevo ante mis obligaciones en Majerit tras un intenso fin de semana en Barcina con todos nuestros amigos. A ver si te acercas a visitarme, aunque no vayamos de compras, que siempre me mareas con esa manía de comprarme sayitas de canalé que tan mal tipo de hacen, y que a ti, con ser ceñidas, te sientan mejor.


Un beso neblinoso

Yorelia de Winter y Manzanares
Marquesa del Férreo Camino
Mandergay

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