( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

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Número 4 - 038


Primera de   La Reverenda Madre Madretere
a   Fray Arnaldus de Gracia


Fray Arnaldus, mi compañero en la gloria del Señor

T
iempo ha que no me decidía a coger el calamillo y darle a unas letras, pues sabéis que he estado muy ocupada con la fundación de unas industrias para menesterosos, con ánimo cristiano por supuesto, para así dar ocupación y provecho a tanta mano suelta y ociosa. Agradecí mucho la mención que S.I. el Obispo hizo de mi en su sermón de jueves lardero, poniéndome como ejemplo de lo que es el autentico Ora et Labora y que me comparara con no se que monja de las Indias Orientales que es tocaya mía, si bien no entiendo la mención que después añadió de no se que asalto de despensas e incontinencia de la gula.

Yo siempre he dicho que quien piensa, gasta, y si se gasta, hay que reponer, pues de la flaqueza se sacan fuerzas, pero eso no es mas que un decir, porque como todo el mundo sabe, de mula flaca no se saca más que pellejo y que rocín delgado sólo ocupa sitio. Es obligado el respeto al templo que es el cuerpo y eso hago yo:  cuidarlo, porque si no estaría faltando a tan claro precepto que así establecieron los Padres de la Iglesia. Ya sabéis que yo, a estos obispos modernos, con  todo el respeto, no les veo del todo en la verdadera senda. Sabrán ellos de arrebatos despenseros y de la contemplación de la Gloria. Unas lo consiguen bebiendo agua sucia de fregar los platos, como las místicas esas castellanas: bien, yo lo consigo en contemplación de embutidos, para mejor mortificarme pensando en la privación que me supone el no catallos ni meneallos, si bien cierto es que los éxtasis esos deben hacer una transmutación, milagrosa por supuesto, pues la materia que antes ocupaba  la despensa en que medito queda reducida a la mitad. Y os hablo con esta  libertad y sin temor pues siempre os he hecho sabedor de este tormento u privilegio que el Altísimo tuvo a bien otorgarme.

 

Si bien para tormento y éxtasis el que la Duquesa, Mariasantisimalabendigaportodasuvidaqueledureynoseacabe, ha tenido estos días pasados. Sabed que fueron días de fiesta y agasajo en Palacio, pues hubo reunión familiar con  motivo de la visita de S.A. la Marquesa del Férreo Camino a mi patrona, trayéndose de paso a una joven norteña con  nombre de calendario o de fiestas de jubileo, no se muy bien, y apellido que no se como calificar. Me refiero  a la Señorita Milenia de Gotolihgt. Servidora, que en sus viajes aprendió de todo, sabe que lo de Gotolihgt significa en la lengua de la Inglaterra  “Ida como un candil”. Una, ya sabéis que, por mor de mi profesión de religiosa, no participa en los actos de palacio, salvo la misa de doce a la que asiste la cocinera, el secretario Victor y yo –la Duquesa no se preocupa de estas cosas porque siempre dice que la gloria la ganó en vida aguantando a tanto botarate- . Pero el caso es que me dieron esos dichosos arrebatos ex -despensa una y otra vez durante esos días y siempre, fijaos que casualidad, cuando me hallaba entre los cortinajes de las estancias de palacio, que es un sitio  muy tranquilo para estar sin que nadie la moleste a una mientras medita sobre las miserias de la condición humana.

Pues la tal Gotocandil esa será joven , pero parece que el Oscuro las críe, porque sin duda, debido a su influencia, en Palacio se alteró la costumbre hasta extremos que servidora desconocía:  jamás había  visto a mi señora tocar el clavicémbalo a altísimas horas sin freno, ni que se quedara traspuesta en la chaisse longue del salón de lectura delante de los invitados,  ni que su hermana morganática Dª Yorelia se dedicara a sacar todo tipo de ropajes viejos de los baúles de las buhardillas de palacio disfrazándose de mujerzuela, dándose con ellos al desenfreno; tampoco había tenido de ver –al menos tan de cerca- a la Señora hermana putativa de mi patrona, la Condesa de Put i Ferí, con esos ojos tan brillantes y acuosos que daban miedo, como si lo que en ellos se reflejaba fuera la pura imagen del Pecado, así , dicho con mayúscula, para que se vea que es gordo y mortal de necesidad. Los convidados a palacio pronto se contagiaban de la misma locura y aquello no terminaba  en bacanal diaria porque Dios no lo quiso y porque se quedaban dormidos antes de tiempo, que si no...

Y todo eso, creedme, es obra de la Gotoliht, que aquí nada pasaba antes de que ella hiciera aparición. Imaginaos el panorama que había, que el acompañante de mi Señora, Dom Juan Ramon de Juan Ramon de Kelargo y Altoletxekeseljodio decidió ausentarse de los fastos, sin duda por olerse algo y ser dicho señor de natural prudente, lo que motivó grande enfado de la Duquesa que, sin pensárselo dos veces, cuando recuperó el ser tras la juerga de la víspera, mandó enjaezar la calesa a primera hora y fue directamente al Palais Nouveau, donde reside el noble en cuestión , para afearle – al modo que la Duquesa afea las conductas ajenas, es decir a abanicazos- el dejarle sola en medio de aquella partida de desalmados. O eso me contó la Montespan, pero yo, que en mi ignorancia de las costumbres mundanas soy ciega, sorda y tonta - que no muda porque callada no sé estarme - no la pongo en duda, pero creo que las cosas fueron por otros derroteros y lo que en principio fue batalla terminó en armisticio con intercambio de reverencias y genuflexiones. Ya me entendéis; y digo esto porque la Duquesa se quejaba de dolor de comisuras, lo que hace suponer que grande y prolongado fue el parlamento que tuvieron tan excelentísimos señores.

Pero me estoy desviando de lo principal: me da que la Gotolight esa debe  venir o tener relación con alguien que Vos y yo conocemos sobradamente y cuyo nombre no oso siquiera escribir, por el miedo que me infunde. Entendedme: no es normal que cuando todo transcurría en palacio del modo más agradable y normal se transmute y se dé en un frenesí sin explicación. Y si no viene, tendrá relación. Vos, que tenéis relaciones con esos mundos por vuestro cargo de Palanganero del Inquisidor General en Barcelona, sabréis cómo averiguar lo que sea menester. Yo, en tanto, quedo en palacio, con ojo avizor, y os avisaré de cualquier cosa que os reporte utilidad.

Con toda humildad y reverencia,

 

 R. M. Madretere

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