( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

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Número 4 - 042


Segunda de Su Muy Alta Señora Yorelia de Winter y Manzanares,
Marquesa del férreo camino
a  Dom Joam de Montecarmelo,
Duque del Carmelo


Mi apreciado Dom Joam:

Viéndome en las circunstancias en que me veo, no se a quien acudir mas que a vos. Para ahorraros estados de incertidumbre os lo diré desde el principio….. Volví a Lorqville. Así, sin más. De sopetón. Supongo que con esta confesión os habréis preparado para leer el resto.

Desde luego, por mucho y muy bien que se maneje el vocabulario de nuestro riquísimo idioma, nada, absolutamente NADA podría describir lo que allí vi – como siempre que una visita Lorqville, las palabras no alcanzan --, y posiblemente tendré que hacer uso de modernismos y hasta “futurismos” para que podáis entender algo o al menos os hagáis una idea.

Yo creo que he sido abducida o abduta y he visto cosas. Lo primero, y para que me fuera preparando, la inmensa Fulgencia tuvo a bien alojarme en su palacio de Murciasietevecescoronada nada mas llegar la noche del Jueves Santo. Acto seguido, en cuanto me hube instalado, nos llevó a ver la procesión con la que honran la muerte de Nuestro Señor Jesusito. Fulgencia me dejó entre el pueblo, bien acompañada por su marido, para que pudiésemos apreciar más el fervor de aquellos, desapareciendo ella entre la muchedumbre. Al rato, y una vez que todo el pueblo llano entró en silencio, apareció una comitiva portando un gran paso con una talla exquisita del Señor. Cuando éste se encontraba en medio de la plaza, se empezó a oír un coro de voces masculinas, precioso, impactante y sobrecogedor al que todos nos giramos para satisfacer nuestra curiosidad por saber de dónde venía. Mi sorpresa fue mayúscula cuando entre los varones veo a una travestida Fulgencia cantando como uno más. No me desmayé por no hacerle la competencia al paso religioso. Nuestra querida Fulgencia resulta que tiene un pico de oro y es capaz de transmutarse y adaptar su delicado timbre de voz para adaptarse al coro en el que se integra, que como en este caso, se trataba de uno compuesto sólo y exclusivamente de hombres. Eso si, precioso.
Cuando dejamos a su señor marido en su propio palacio, pues tenía asuntos que atender al alba, nos fuimos al palacio de Fulgy y allí hicimos lo propio de señoras de rango hasta bien entrada la noche: chafardear.


La de la Lobera me puso al día de quién es quién en su Murcia natal, con todos los sobrenombres a los que nos tiene acostumbrados: La Toldos, La Melita, La Queen Mary, etc… lo que no alcanzo a entender es como aún nacen criaturas con todos los pares de genes bien enzarzados, pues allí se dan demasiado las relaciones endémicas. Parece ser que todos conocen las enaguas de todos.


Al día siguiente salimos para Lorqville, aunque ahora en la entrada de la villa pone Ithaca, ya sabéis, el reino de Maria de las Mercedes. Os supongo informado de que Mercedes hizo una convocatoria para que disfrutásemos de los festejos de su reino. Convocatoria a la que acudí.
Recogimos a Merceditas en su fastuoso palacio y fue muy amable, nos enseñó toda su villa, incluidas las capillas que tienen dedicadas a la virgen. Se deshizo en explicaciones sobre las maravillas que vimos, paños de sedas, capas, capotes, tallas de la virgen y de su hijo (el de la virgen, no el de Mercedes, aunque tiempo al tiempo), reliquias religiosas de altísimo valor y un sinfín de cosas más. A última hora de la tarde, y yendo ya un poco cocidas… digo… un poco alegres por efecto de tantas comuniones como nos gusta hacer, que ya podían hacer el vino de misa sin alcohol, que las que somos muy pías terminamos un poco piripis de tanto comulgar, nos ubicó en ….. bueno, aquí mejor doy una explicación para hacerse una idea.


En el paseo ilustrado que Mercedes nos regaló, pudimos ver el reino preparado para los festejos, y a mi me llamó poderosamente la atención una calle muy larga y ancha en la que habían dispuesto asientos en varias filas hacia arriba por un número de seis, vamos, tal que un sambódromo, para que os hagáis una idea.
Bueno, pues lo que decía antes de esta explicación, Merceditas nos ubicó en una parte de esos asientos, acompañados de todos sus parientes, que habían reservado oficialmente, pues no hace falta decir que siendo la familia reinante, tienen a su disposición un lugar de honor. Solo faltaba el chico de Mercedes, pero claro, luego le encontré explicación. Nada mas empezar…. aquello (porque eso no tiene nombre aun), vimos al Príncipe portando una vara de mando con la insignia de la cofradía y un manto azul correspondiente a los colores…. de…. es que aquí me pierdo, no se como llamar a aquello.


El caso es que la villa tiene un fervor enorme por la moda, y por lo visto, hacen un pase de modelos multitudinario para que el pueblo decida qué colores se llevaran la siguiente temporada. Los partidarios de un diseñador se ponen en una acera, y los partidarios del otro en la otra, lógicamente. Entonces empieza la .. cabalgata? Desfile? Procesión? O una mezcla de todo eso, con amenizaciones con caballos, cuadrigas, carros, carrozas y un sinfín de adornos previos. Entre tanto, los partidarios de un diseñador sueltan exabruptos contra los partidarios del otro diseñador, alternativamente. Ni que deciros tengo que la familia reinante, y por ser el niño de Mercedes muy popular, se lleva la mayor parte de los “piropos”. En esos momentos hay que dejar la compostura (como hizo Merceditas y la señora que se encarga de la intendencia de palacio, a la que Mercedes quiere como una madre) y dejarse llevar por la vorágine del pueblo. Aun me duelen los oídos de lo que pude llegar a oír. Sobre todo de boca de Mercedes, que hay que ver como las gasta con los partidarios del otro diseñador. No nos faltó ni buen yantar en el palco, pues la señora intendente se ocupó de que hubiera, e incluso sobraran, alimentos riquísimos preparados para la ocasión.


Esto duró aproximadamente cuatro horas, en los que pude ver todas las propuestas que ofrecen ambos diseñadores, el Blanco y el Azul. Por supuesto que el Azul ofrecía más variedad, calidad e imaginación, pero no hay que desmerecer un diseño que mostró el Blanco de una túnica con la cara de Cristo, portado solo por mujeres, que lo hicieron la mar de bien.


Terminado el desfile, el chico de Mercedes se nos unió para acompañar de vuelta todas las carrozas hasta la iglesia a la que pertenecían. Esto se hace siguiendo tales carrozas por la calle, a pie, comentando lo visto. Una vez llegados a la iglesia titular y propietaria de las carrozas, habiendo pasado previamente por debajo de la nueva escultura ecuestre dedicada a Mercedes y siendo ella principal Señora de aquella villa, nos situaron en un lugar dentro de la iglesia propio de señoras de rango: el Altar Mayor, desde el que se ve perfectamente la llegada de los pasos. Para estar más seguras, la guardia personal de Merceditas montó guardia a nuestro alrededor, y hay que ver que ojo tiene La Michirona para elegir seguridad. Tenía un guardia, que seguramente es el encargado de las escuchas secretas, por las orejas, que le daban un encanto que ni os cuento, Dom Joam, pero porque estábamos en lugar santo, si no, Yorelia de Winter pierde el título. Ay! Que me desvío del tema. Como os contaba, van entrando con gran dificultad y mucho arte por parte de los porteadores en la pequeña capilla, hasta que llega la que porta la modelo que suele llevar el diseño más importante del modisto. Entonces el pueblo, acumulado a los pies, estalla en gritos y aplausos, vivas, piropos y todo lo que se les ocurre, la orquesta acomete una pieza de ritmo diabólico y las masas se exaltan hasta el paroxismo, arrastrándola a una a imitarles y dejarse llevar. Un ritual frenético en el que se entra en trance y una se sale de si misma dejándose llevar por el vórtice hasta dónde quiera llegar el alma. Cuando una vuelve en sí, o al menos cuando yo volví en mí sin vivir en míquetanaltagloriaesperoquemueroporquenomuero, me encontraba ya fuera de la ermita acompañada de Mercedes y el Príncipe, que también volvían en si en aquel momento, paseando a la fresca camino del palacio de Mercedes, a la que dejé aposentada y emprendí camino del segundo palacio que Fulgencia tiene en aquellas tierras.


Hicisteis mal en no venir, pues Fulgy tiene un palacio suntuoso en el que puede alojar a cientos de invitados y no hubierais precisado de contratar alojamiento. Además de haberme acompañado en semejante éxtasis, pues con un varón de vuestro porte me hubiera sentido más segura entre la muchedumbre y yo hubiera disfrutado de vuestra compañía.


Al día siguiente disfrutamos de la villa de asueto a la que acude Fulgencia durante el estío degustando la rica cocina de la zona hasta la hora de marchar hacia Majerit. Fulgy quedó acompañada de unos familiares venidos de tierras lejanas que hace tiempo yo misma conocí en una villa catalana llamada Babalú.


En fin, Dom Joam, que os eché de menos, a vos y al resto de nobles catalanes con los que las celebraciones hubieran sido algo digno de recordar por todos los tiempos, pues ver un espectáculo de tales dimensiones es para compartir con las amistades, así puede una apreciar otros puntos de vista, pues estoy segura de que aquello tiene varias lecturas y la vuestra hubiera sido de lo más interesante. Espero que el año que viene podamos acudir todos, pues merece la pena verlo otra vez para poder reinterpretarlo y asimilar la devoción de un pueblo por sus diseñadores de telas.
De todos modos, de poco sirven estas palabras, pues es tan indescriptible que hay que verlo para conocer toda su espectacularidad y desde luego, yo no soy la más desenvuelta en nuestro lenguaje para dar una crónica siquiera acertada de aquello.
Os emplazo a vos y al resto a que el año que viene hagamos lo posible por acudir, pues ver a Mercedes y al príncipe Odysseus en acción ya vale la pena…. Habría comentarios para los restos.

Un beso fashion

Yorelia de Winter
Marquesa del Férreo Camino
Mandergay


P.D. Me he enterado que Manuela dice que se ha muerto. ¿No le habrá entrado el mal de Merceditas, que luego le dará en travestirse con morcones y demás? Dios le acompañe en su delirio, pero espero que vuelva en si.

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