( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

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Número 4 - 023


 Primera   de   Dom Joam de Montecarmelo, Duque del Carmelo
 S.M.A.S. Yorelia de Winter, Marquesa del Férreo Camino


Yorelia adorada, dulce tormento de mis tormentos:

Perfumada flor de la árida meseta, grácil musa del poeta que ofrece su blanco cuello como manzana prohibida al deseoso de probar el fruto bendito que su alma anhela; asesina, sí, asesina de galanes que caen heridos por las miradas que como flechas del amor lanzan vuestros inclementes ojos, ayudadas por el arco de sus cejas, el prodigioso y mortal vuelo hacia el centro de la pasión, hacia el pecho desventurado que ha osado fijar sus ansias en vuestro duro corazón; Señora mía, Dueña de mis pensamientos, Virgen invicta, Soberana del Férreo Camino, tan férreo como la voluntad que os lleva a castigarme con vuestro desdén que no merezco... Yorelia, en fin, Yorelia... Castigo de mis noches , Luz de mi mañana...

Recibí vuestra misiva y, antes de leerla, la besé y la llevé a mi triste corazón musitando una oración de gracias a sabe qué dios clemente que de mi se había apiadado. Procedí luego a su lectura anhelante de leer las benditas palabras que esperaba, esas palabras que se hubiesen podido resumir en un concreto y escueto “Sí, yo también os amo”. Y como siempre tuve que conformarme con unas dulces, esquivas, y elegantes palabras que a nada os comprometían y que yo acepté, con resignación, como fiel esclavo vuestro que soy.

Y pues, Señora, ya que después de informarme de los eventos y fiestas de Lorca de los que ya he tenido cumplida información por diferentes vías, paso a comentaros sobre el asunto que tiene trastornada la vida de la corte catalana: el óbito de vuestra hermana
La Duquesa.

En primer lugar tengo que conminaros a que no os preocupéis en absoluto. No hay ninguna noticia fiable de que María Manuela haya dejado el siglo. Según parece, una monja loca que últimamente le hacía de compañera de no se sabe bien qué menesteres, ha lanzado tal rumor por medio de una carta que ha dirigido a mi no menos estúpido fraile , Fra Arnaldus, que no es sujeto de fiar ya que está aquejado de delirios lúbricos y místicos que nos aconsejan desconfiar absolutamente de todo lo que diga o haga.

En segundo lugar: la misiva es desconcertante ya que la monja maneja información certera. La noche del supuesto traspaso, efectivamente, hubo una cena completamente íntima a la que sólo acudieron los más insignes personajes de la corte convocados por el Señor de Mercouche: a saber, La Duquesa, el citado Señor de Mercouche con su fiel y siempre discreto acompañante , y yo mismo. De lo que se dijo y habló en esa cena os hago gracia, ya que el objeto que nos movió a reunirnos era el de consolar, aliviar, y hacer entrar en vereda a
La Duquesa que, sin saber cómo ni por qué, había estado deslizándose en estos últimos tiempos en un estado de melancolía destructiva que nos hacía temer por su salud mental. Os supongo enterada de la inexplicable huída que algunos nobles de todo el reino han hecho de la corte catalana, y digo algunos por no decir casi todos. La Duquesa no ha asimilado bien esa defección y , ya la conocéis, se niega a asumir ningún tipo de responsabilidad sobre ese hecho y carga todas las culpas en imaginarios aconteceres de los que ella sería , por supuesto, inocente. Nada sacamos en claro. Nada.

C
onociéndola, nos podemos imaginar con un cierto margen de error qué es lo que ha podido ocurrir, pero, insisto, sólo son suposiciones. Doña Trullina está esperando una ocasión favorable para trasladarse a otros pagos más agradables, la
Duquesa tampoco parece muy dada a seguir con su compañía. Otros nobles le han retirado el saludo; los fieles Lagarthera con ciertas salvedades la frecuentan aún...Y el Señor de Mercouche, al igual que yo, nos negamos a dejarla en el desierto, si bien desde una cierta y prudencial distancia.

¿Se ha muerto? ¿Se ha suicidado? Eso dice la monja. Pero, querida mía, vos y yo sabemos que la vida de la
Duquesa siempre ha sido un gran teatro del que no pudo desbancarla ni la mismísima Maria de las Mercedes. Sabemos también que la duquesa es maestra en el arte de la simulación y la manipulación.

¿Se ha muerto? Yo no tengo ninguna noticia certera al respecto y, dudo mucho, que con lo longeva que es y después de todo lo que ha pasado desde las guerras Médicas hasta ahora, se le ocurra fenecer por un simple trago de cordial, ella, que podía derrumbar a cualquier tahúr de taberna.

No os preocupéis , belleza mía, preocupaos tan solo de pensar en mi y en mi pasión que me consume por vuestros desdenes

A vuestros pies

Joam De Montecarmelo

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