( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

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Número 4 - 048


Tercera  de S. M. A. S. Yorelia de Winter y Manzanares,
Marquesa del férreo camino
 S. A. S. I. María de las Mercedes y Curtidores,
Princesa-Madre Serenísima de Eden


Dispersa Mercedes:


No he terminado de quitarme las ropas de viaje y ya me he puesto a dictar el escribiente, pues tantas son las ganas de contarte que traigo. Supongo que sabrás que Millenia me había invitado a visitarla, y aprovechando que Mrs. Denvers ya se ha vuelto a hacer con palacio, decidí aceptar la invitación de Milly para visitarla en sus pertenencias de Flavióbriga.

Así que dejé Mandergay en sus manos y, para ahorrar costes (y chafardear un rato) decidí compartir litera con una querida noble cántabra que vive cerca de mi palacio, así ella aprovechaba el porte y continuaba viaje hasta su tierra de origen dejándome a mí en las posesiones de Millenia.

Pero cual fue mi sorpresa, que al llegar a la última parada de postas que hay justo antes de la gran ciudad que hay cerca de Flavióbriga, recibimos nota de Milly comunicándome que me esperaba en dicha ciudad.

Resulta que Millenia ha dejado el palacio paterno dónde vivía en Flavio…eso, el Palacete de los Músicos, para trasladarse a la gran urbe, donde tiene más posibilidades de relacionarse con gente de bien, mundana, y todo eso, y así encontrar un marido a su altura, pues la muchacha está en edad casadera y su cuerpo ha llegado al momento en que a una le pide marido.

Pues te contaré que Milly se ha instalado en un palacio propiedad de la familia, el Palacio de las Mil Estancias, que, por supuesto, hace honor a su nombre, y que me tenía reservada una sorpresa: Era la inauguración. El palacio es fantástico, y solo está a falta de algún retoque que otro, pero prácticamente listo para poder celebrar fiestas, bailes, cenas y actos sociales a los que acudan buenos mozos en edad de matrimoniar.
Las cocinas son fastuosas, por la generosidad de espacio que les han destinado, los múltiples salones son acogedores, las habitaciones cómodas y la sala de baño es…… simplemente indescriptible.

Una vez se aseguró Milly de que me había aprendido el plano del edificio para saber volver a mis aposentos si necesitaba algo, salimos a pasear por la ciudad para dejarnos ver. Así disfrutamos del buen tiempo que nos ha hecho, acompañamos al cochero a surtir palacio de provisiones y volvimos para cenar algo en el propio palacio. Como la de Gotolight es tan atenta, quiso que la primera comida en su palacio saliera de sus manos, así que dio la noche libre a la servidumbre y nos metimos las dos en las cocinas. Fue un rato de hermanamiento y risas, como sólo dos señoritas de bien lo pueden pasar (si, mona, soy señorita, porque estoy soltera, bo ni ta ). La cena nos salió ligera y exquisita, y encima preparada por nuestras manos nos supo aun más deliciosa. Luego fuimos a tomar unos espirituosos a algunos locales de moda, eso si, con mucha clase.

Hablamos largo y tendido, y encuentro a La Marquesita del Bollo con muchas ganas de formar familia. También tuvimos ocasión de perder los papeles con algún joven de buen porte como solo los hacen en el norte. Eso si, solo con la vista, pues los mejores mancebos suelen estar ya ocupados.

A la vuelta a palacio, Millenia quiso deleitarme con unas piezas al piano, pero cuando aun no había terminado de sonar la primera nota, ambas pegamos un bote, ella en el banquito del piano, y yo en el canapé en el que me tomaba un te, al oír golpes de ultratumba al otro lado de la pared del saloncito. Yo hice jurar a Millenia que en ese palacio no se habían producido nunca emparedamientos, y ella estaba tan sorprendida como yo. Al final descubrimos que se trataba de las inquilinas residentes en el palacio contiguo, que, seguramente, estaban clavando algún soporte en la pared para colgar algún noble retrato de sus antepasados, pues no creo que unas notas de piano a las 6 de la mañana molesten a nadie, hija. Así que decidimos por esa noche irnos a la cama, ya dándonos las claras del día.

Cuando nos amaneció a eso de media mañana – recuerda que a Yorelia sólo le amanece cuando abre los ojos – nos fuimos a picar algo y dar un paseo por las zonas aledañas a la capital recuperadas para disfrute del pueblo. Volví a impresionarme con ese palacete coqueto y humilde que se hizo construir la famosa coleccionista de arte Maria de Guggi y Heim. Y así paseamos por la orilla del río hasta la hora de la cena, que hicimos en un establecimiento de comidas de la parte más antigua de la capital. Luego volvimos al Palacio de las Mil Estancias para hacer tiempo, pues aún no era la hora de los espectáculos, y Milly me deleitó con un enriquecedor rato mostrándome los retratos de sus antepasados y algunos de ella misma cuando era niña. Tantos retratos tiene que se nos hizo tarde para ir a ver ningún espectáculo y decidimos retirarnos pronto.

Al día siguiente me esperaba otra sorpresa aún, pues Millenia tuvo la deferencia de alquilar una silla de postas (recuerda que mi carruaje se encontraba en el palacio de mi amiga cántabra) para ir a visitar a sus progenitores al Palacete de los Músicos. Gente absolutamente encantadora y mundana que nos obsequió con una selección de recetas oriundas. El palacete en el que Millenia se ha criado es sencillamente precioso, con bucólicas montañas a un lado y un pequeño puerto al otro. Ya me explico por qué la niña es tan recia, y es que la vida del campo curte mucho, solo hay que ver a los habitantes de la comarca propiedad ancestral de la familia Gotolight.


Luego sólo nos quedó esperar la llegada, ya de vuelta, de mi amiga cántabra, que volvía con mi carroza, para seguir viaje juntas otra vez hasta Mandergay. Millenia me dio muchos recuerdos para ti y para tu chico, el príncipe, nos apenamos las dos con la desaparición de Manuela, pues resulta que si, que se ha muerto del todo, y tuvimos recuerdos para todos nuestros amigos comunes, que sobre todo son los de Barcina y tu y Fulgencia de Murciasietevecescoronada. También me contó algo más en detalle de un viaje iniciático que hizo hace poco tiempo en busca de sosiego para el alma, pero que resultó ser una secta y Milly volvió a sus raíces sin sacar nada en claro.

En fin, Merceditas, que se te echó de menos, y que a ver si alguna vez podemos hacer una visita conjunta a esta chica, pues a ninguna jovencita en edad casadera le vienen mal unos consejos provenientes de expertas como nosotras en el arte de recibir, pues es función primordial para ser alguien en sociedad.

Esperando verte pronto, se despide de ti con un beso inaugural

Yorelia de Winter y Manzanares
Marquesa del Férreo Camino
Mandergay

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