( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

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Número 4 - 052


Segunda parte de la Primera   de   La Reverenda Madre Madretere
a   la Srta. Millenia del Gotolight


Muy Excelentisima Señorita  (continuación),

Tras el entierro, que tuvo mucho vuelo y mucho gentío, todos absolutamente desconocidos, aparte de los sobrinos de la Duquesa y Dom Joan, que por fin dio señales de vida y dispuso todo, regresamos al ahora desierto palacio, una vez depositada la muerta en el nicho que los de su linaje tienen en la Catedral. Me comentaron que al levantar la lápida para limpiar los restos de otros antepasados de la Duquesa, se encontraron la sepultura extrañamente limpia, como si allí no hubiera sido enterrado nunca nadie, y eso que llevaba allí puesto desde que inauguraron la basílica en el siglo XIII ...o de antes, porque el sarcófago era de esos romanos que se usan como bancos en los patios de algunos de los palacetes de la ciudad. Digo que era romano, porque no tenia esculpida ni una cruz ni un símbolo santo, a menos que la escultura de una mujer de expresión malvada con los brazos abiertos en gesto amenazador fueran los de una santa mártir espantando a los leones del circo. Eso debía ser.

Acompañaba a la prima Sofía, por si acaso se le ocurría darme alguna limosna con que aliviar mi hambre espiritual o por si acaso le daba por cogerme a su servicio, aunque las griegas estas son un poco herejes, que yo lo sé, pero a mi me da igual, porque le predico y la convierto, y así ganamos los dos: el Señor con una nueva Católica de la Fe Verdadera y yo con una nueva despensa en la que tener mis arrebatos espirituales.

- Mi Señora, ...por casualidad en vuestro palacio en Oriente...no tendríais una despensa, pequeñita, humilde, lo que sea, para que pueda continuar mi vocación de alcanzar la santidad por el martirio de la contemplación del pecado y su abstinencia –aventuré yo a ver si se daba por aludida-:

- Porrrr supuesto que sssi: la “prima Sofía estaría encantada de tener a una monja en su chozzzzzzzaaaaa: así tras convertir en cerdosssss a los hombrreesssss se les puede dar la bendicion por san martín..miaurrrl... – intervino la gata esa -. Ahora ya me había acostumbrado un poco a ella y, total, después de todo lo que una ha visto, no va a venir de una gata parlante aunque tenga acento marroquí, que la verdad era lo que mas nerviosa me ponía, porque me acordaba de los piratas bereberes aquellos que me raptaron y me hacían bailar la jota.

La prima Sofía miró furiosa a la gata con un gesto tipo “cállate, que me comprometes” a lo cual la gata respondió lamiéndose furiosamente, como si intentara dominar el impulso de sacarle los ojos a la otra:
-Estee..no, Madretere: en Oriente no tenemos despensas
-¿Ni un armarito con cabida para unos choricitos? Me puedo poner en cuclillas, así mi martirio será mayor...
-NO, HE DICHO QUE NO, RAYOS – soltó clavandome esa mirada que me recordaba tanto a la muerta- Y, decidme: ¿ No ha habido la menor noticia de la Condesa de Put i Ferí?
-Huy ... no...la del Raposal se ausentó hace semanas. Tuvieron unas diferencias sobre el modo de compartir palacio, y se ve que alguna perdió los papeles. El caso es que las dos se separaron con las diademas muy dignas, cada una por su lado. Lo único que se es lo que oí por casualidad mientras estaba en trance detrás de la cortina, y era que la Condesa dejaba palacio diciendo que se iba a tomar las aguas a unos baños durante una temporada No dejó más nota sobre su paradero, y la Duquesa tampoco mostró especial interés en ello.
-Ah.. y ...como era...la chica esa margeritana .... algo así como de plata virgen o vigas oxidadas tenía su título...
-La Marquesa del Ferreo Camino está desaparecida en combate, que es lo que le gusta: combatir. Y por ahorraros el resto de preguntas, os diré que aquí, hasta hoy, no ha comparecido nadie, ni nadie ha mandado pésame, ni condolencias, ni una bolsa de peladillas siquiera. Unicamente una nota de la Baronesa de Ibiza pidiendo una receta, a la que ya he comunicado el óbito con tal ocasión. Supongo que un año de estos responderá.

Aquí la prima Sofía calló. Miró en derredor, contemplando no se qué, total, la casa estaba limpia. Dio un suspiro y me preguntó:

-O sea, que nadie de sus amistades ...
-No- la interrumpí yo- Nadie.
-O sea que todos sus banquetes, su desenfrenada vida cortesana...
-Polvos que trajeron estos lodos: se ve que quedaron con la barriga llena y ya no podían sacar nada más. Y os diré que es algo que me molesta mucho –añadí- , porque todo lo que se comieron esas buenas amistades, se me privó a mi, para mi santa contemplación despensera tan... necesaria para mi alma...
-Ajá – asintió, mientras la gata miraba todo con cara de asco: al menos la cara de asco que puede poner una gata-
-Essstamosss perdiendo el tiempo: ¿Vamos de una vez a hacer lo que hemos venido a hacer o no??? - maulló la gata.

La dama, que se había quedado como encogida después de oírme decir esas cosas, se enderezó repentinamente:

-Es verdad- espetó, como si le hubieran metido aire a presión con un fuelle- No perdamos más tiempo: monja, ¿Vos sabeis dónde guardaba sus libros Manuela?.
-Claro –asentí yo-
-Y no habreis visto por casualidad un libro de aspecto vetusto con unas tapas muy raras, lleno de versos estrambóticos y que seguramente tenía un candado en la tapa para que no se abriera, ¿verdad?
-¿Cómo de vetusto? Esta casa está llena de vetustez en todos sus rincones y elementos.
-Muy vetusto
-¿Con candado?
-Si, con candado
-¿De los que no se pueden abrir aunque una hurgue con una horquilla?
-Si, de esos.
-Pues no , no lo he visto; bueno –rectifique ante el peligroso fulgor que de pronto emanó de sus ojos- , quiero decir que no lo he leído, porque se me resistió la cerradura al intentar forzarla, digo, al quitarle el polvo con una aguja de media, que tenía mucho polvo incrustado en las molduras el dichoso candado. Así que no sé si es ese el libro que me decís. Además hay más libros de esos con candado. Sobre todo los de su correspondencia íntima y los de cuentas de la casa.
-Ah..ya: y ¿dónde están?
-En la Sala de Música, en la boisserie que hay junto al aparador de la vajilla de diario.
-Vamos – me empujó ella- Mostradmelo.
Y allá que nos encaminamos las tres: la prima Sofía, la gata y yo a la Sala de Música. Cuando llegamos allí y ver lo que ví, me entraron unos temblores muy grandes, y sentí que el Espíritu casi me poseía:

-¿¿Qué es esto?? – gritó la prima Sofía
¡¡¡ Miau – puzzzzzzz ¡!!!!!! –bufó la gata
¡ Madredelamorhermosoysantaritaloquesedanosequita ¡!! –dije yo persignandome:

La Sala estaba absolutamente patas arriba. Las velas de los candelabros estaban sin llama, con extrañas marcas, de cómo si los hubieran apagado a mordiscos o a abanicazos, que dejan las mismas señales, que yo lo sé muy bien. Un montón de partituras de Scarlatti estaban desparramadas por el suelo; las completas del Padre Soler en un tomo aparecían quemadas por las esquinas... y, lo peor, Señorita: el teclado del clavicémbalo de la Duquesa estaba hendido por un zapato de tacón que había sido violentamente clavado allí, hasta el punto de que había atravesado la madera del fondo del instrumento. La vajilla de diario de trescientos servicios, había sido sacada del aparador de caoba y aparecía apilada en forma de ocho torres al tresbolillo, tal como ponen los bolos en mi pueblo. Ya echaba de menos la bola para tirarlas abajo hasta que me percaté que a 20 metros exactamente estaba la peluca de la Duquesa hecha un ovillo... Me dirigí a ella, y al intentar levantarla casi me disloco el hombro: pesaba como veinte arrobas... lo que tuvo que sufrir esa mujer en vida, con semejante carga sobre su cabeza...

- ¿Su peluca ? – exclamó la señora - ¿No la hemos enterrado con ella??

Solté la peluca: un presentimiento me hizo dirigirme chancleteando –ni tras su muerte me quité las chanclas japonesas: me daba respeto aún después de muerta, por no decir miedo- hacia el armarito de tres cuerpos en que guardaba sus cordiales y otras especialidades espirituosas: estaba vacío. En ese momento, cuando no daba crédito a mis ojos, sonaron tres aldabonazos tremendos en el portón de palacio, a los que sucedió un estruendoso silencio:

-¡Mierda! – soltó la dama-
-¡Te lo dije ¡!! – runrrulló la gata- ¡Nos venían siguiendooowwrrrl!! ¡¡¡ Ssssson ellas!!

Con una agilidad pasmosa para los años que aparentaba, la prima Sofía corrió hacia la peluca de la Duquesa y, sin esfuerzo aparente, la levantó del suelo y la metió en un morralillo malva que llevaba al cinto, en el que lucía una placa dorada muy recargada de grabados –hay que ver que cosas en que se fija una en momentos de tensión- con la leyenda “Mary Poppins Fecit”.

-¡Vamos, Sathi ¡ -gritó la dama- ¡Y Vos, Madretere, id a abrir; y llevad cuidado con lo que decís: nosotras no hemos estado aquí!.
-Señora, ya está bien de plural mayestático: abusáis del mismo; ¿o he de contar a la gata para que seáis dos?
-Monja del demonio: haced lo que os digo: sed discreta y nada os pasará y, sobre todo, nosotras no hemos estado aquí: id a abrir.

La cara que puso me recordó la de la difunta cuando sonreía y ello me dio alas en las chanclas, si bien, cuando estaba mitad de corredor me giré y pude ver un resplandor malva deslumbrante que salía de la estancia, acompañado de una música ensordecedora que diría que era igualito que el final de Don Giovanni del Amadeo ese, cuando salen los demonios, que yo lo sé, porque una vez que me llevó la Duquesa al Liceo , cuando estrenaron esa opera, fue lo único que me despertó, cuando gritaban todos. Todos los del escenario, claro: el resto del teatro estaban a sus cosas. Ello me dio mas brío para correr hacia la puerta y al abrirla...
 

CONTINUARÁ….

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