( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

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Número 4 - 054


Primera de Dom Joseph de Cruixers y Bateles
a
  Doña Trullina del Raposal y Montespan


Estimadísima señora DOÑA TRULLINA DEL RAPOSAL Y MONTESPAN,
Condesa de Put i Ferí
:

Es de su dominio que no soy muy dado a escribir misivas desde que la codificación internacional aceptó el uso de los banderines marítimos, pero vistos unos últimos acontecimientos no tengo más remedio que hacerlo.

Me voy a remitir a los hechos, así que le ruego que tomes asiento y apremie a su criada para que le prepare una infusión de las indias de las que usted es tan adicta.

Hace unas semanas, me encontraba en la capital del reino, llamado por el monarca de la corona, realizando unos estudios que se le metieron en la cabeza, para lograr hacer navegable el río que les pasa por allí. Fue ardua la tarea de convencerle que no había nada que hacer, pero entre estudio y estudio de profundidad, pude codearme con ilustrísimas personalidades que por allí habitan como es de muy bien entender por su parte.

Madamme Yorelia de Winter me remitió para enviarle a usted todos sus más sinceros recuerdos, en una noche calurosa por las campiñas castellanas. Me comentó que tuvo que dejar sus quehaceres por la tarde al llegarle un mensaje de una buena amiga suya, la señorita María Kekahnson, una joven brillante recién llegada de las prósperas ciudades del norte de América, la cual le pedía que se personara en su palacete porque necesitaba de su socorro. Yorelia, sin rechistar, se presentó allí, con un séquito de doctores y al final, el socorro se reducía a una astilla de la tabla de bordados que se le clavó en un dedo. Así que tras un par de sorbos a agua del Carmen, decidieron pasear por los atardeceres de la ciudad.

Organizaron una fiesta para celebrar que los médicos no tuvieran que actuar, y es por eso por lo que tengo nociones de lo que pasó esa noche. Al principio una organización comedida, con el buen gusto que la anfitriona sabe infligir en estos casos, con Millenia de Gotolight inclusive, pero el motivo de la presente es para darle aviso de que, aunque siendo yo hombre de mar y no estando acostumbrado a grandes fiestas palaciegas donde los miriñaques acaben convertidos en vulgares trajes de can can; donde pese a los peligros de la noche, tan nobles Damas deambulasen por calles y puentes hasta acabar en fiestas más mundanas; donde después de esa, la señorita Yorelia nos agarró del brazo a los presentes y nos arrastró sutilmente hasta un edificio custodiado por hombres de vigilancia, y que gracias a la señorita de Winter pudimos acceder, aunque la vimos meterse la mano por el canalillo no se para qué. Unos sótanos acondicionados de sedas y franelas, donde una orquesta tocaba aún siendo esas horas de la mañana. En fin querida Trullina, que al final nos quería convencer para ir a desayunar a la sierra, que aunque la mañana era buena, la fatiga y el cansancio hacía mella a esas horas, por lo que depusimos la invitación...... todos no... que al final viajó en calesa hasta allí arriba acompañada de su buena amiga Millenia, quizás a cazar osos, ya que bien es sabido que comparten aficiones últimamente, aunque me digo yo... para esos menesteres, ¿no seria mejor viajar a las estepas nórdicas ?.

Así pues informarle, que la señorita Yorelia se encuentra como hacia tiempo que no la veía, pletórica, rebosante de salud tanto física como psíquica (y que sea por muchos lustros), rodeada de amistades y disfrutando de las pequeñas cosas de la vida, que al fin y al cabo son las que nos llevaremos al sepulcro, y hablando de sepulcros, ha llegado a mis oídos la repentina muerte de la señora Duquesa de Montespán, rece usted por ella una oración de mi parte si es de su gracia, aunque al fin y al cabo tampoco llegué a conocerla en vida mucho, pero tampoco hay que negar una oración a los difuntos, no vaya a ser que no encuentre el descanso apropiado en el camposanto.

Sin nada más que añadir, mis más sinceros deseos de buena esperanza y prosperidad para su casa, que ya sabemos todos, que es la de muchos... aunque sea por unas horas.


DOM JOSEPH DE CRUIXERS y BATELES
Almirante de la Armada y Conde de la Marejada

 

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