( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

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Número 4 - 067


Primera   de    María Máxima Deloplus Mercuchova, Gran Duquesa del Salar
a    Albertina de Enq,  Marquesa de Lagartera.


Hola querida niña,

Pensaba ponerte a parir por lerda, pero en vista que te has adelantado (no sé si de cuentas, pero sí en parir) lo dejaré para otra ocasión menos embarazosa.

Bueno, no quisiera pasarme de dureza y parecer sargenta, pero tus letras, que agradezco, me han sulfurado un poco por la cantidad de inexactitudes y desvaríos. No, querida, no, no estoy diciendo que mientas. Para eso hay que nacer.

El primer desvarío podría ser sin duda –aunque mantengo el condicional- el embarazo. Lo principal porque quedarse preñada en estos tiempos de guerra constante es una papeleta segura al sufrimiento. Después porque la mujer moderna ha de ocuparse de cosas más nobles. Conseguir el voto sería una dedicación adecuada a tu pizpireta actitud vital, mira si no a la difunta –queestebiendondequieraqueesté- María Manuela que sin ningún prejuicio –si perdonamos la insignificancia de querer una urna malva- se lanzó en tropel a votar, superando las críticas más ordinarias. Hijos pueden tener las mujeres sin otra diversión, pero tú ya tienes ocupaciones triviales con que entretenerte. En último extremo, si la maternidad te atrae irremisiblemente, cría gatos, son igual de egoístas que los hijos, y cuando se van no producen tanto dolor.

El segundo es más una temeridad muy peligrosa. ¿Cómo confías tu salud a tales profesionales? Cambia de médicos y asistentes inmediatamente, que muy pero que muy tontos han de ser para no ver un embarazo. Supongo que sólo pretendían experimentar nuevas dietas y que, a falta de conejillos adecuados, te eligieron a ti. Poco les importaba tu salud o tu aspecto. O los destituyes, o los destierras, o los mandas a galeras, pero deshazte de ellos.

En cualquier caso, y puesto que el guapo bebé ya está aquí, trataremos de ayudarte en cuanto necesites para su buena crianza. Si lo solicitas, claro, que no hay que entrometerse en tan personal tarea.

El tercero es alucinante. Porque sólo bajo los efectos de algún rapé extraño de esos que usáis las jóvenes se puede decir que estuve en el entierro de la antes citada (no conviene repetir su nombre, por si está en algún lugar susceptible a las invocaciones humanas). Cierto que yo vi el entierro, y te vi a ti, mi querida niña, pero es de todo imposible que tu me vieras, y mucho menos que yo te saludase. Es probable que me confundieses con mi hijo Mercuchof, pero hay que estar muy afectada por el embarazo, o por lo también dicho antes, para tal error. Me confirma tu confusión cuando al final de tus letras mandas saludos para el Abad, a quien apenas veo.

Concluyo aconsejando el cambio total de servidumbre y proveedores. Las substancias que te proporcionan no parecen sentarte bien.

Con todo no dejo de alegrarme por ti y por el Señor de Rol y Kaymank, ya que los incrementos familiares suelen fortalecer a las parejas con nuevos motivos de felicidad.

Besos resignados.

María Máxima.

 

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