( Cartas, cuadros y leyendas de las Cortes, etapa 4 )
 

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Número 4 - 075


4075  Sexta  de   S.M.A.S. Yorelia de Winter y Manzanares,
Marquesa del Férreo Camino
a   Millenia de Gotolight


Añoradísima Millenia:

T
iempo ha que no me ponía a dictar unas letras para mi querida amiga norteña, pero los acontecimientos se han sucedido como olas de mar, sin prisa pero sin pausa. Quería ponerte al corriente de ellos, pues la alegría que me invade bien merece ser compartida con las buenas amigas.

Hace un mes, aproximadamente, decidí salir de Mandergay a airearme un poco, aprovechando que ya había comenzado la temporada operística. Que mira tú por dónde, yo decidí que fuera en las islas sureñas que tenemos conquistadas, allá por enfrente de África.

Hete aquí que yo me encontraba melancólica y paseabunda por la orilla del mar, cuando un aborigen de allá osó (con acento, osó) acercarse a mi preocupado por si la brisa del mar era demasiado fresca para mi (imagínate, fresca para mi…. Como si yo no conociera frescas) detalle que me embargó. Le permití pasear a mi lado, escuchando sus palabras, que con el gracejo del acento que tienen allí, terminaron por ahondar en mi corazón…

Tan amable fue el caballero, que me ofreció su palacio para estar más cómoda que en el alojamiento que yo había contratado. Ofrecimiento que acepté, pues parecía buena gente y su nobleza saltaba a la vista. Así que trasladé todo mi equipaje a su palacio, situado en un pueblecito del norte, donde me quedé más tiempo del que tenía pensado. Hicimos tan buenas migas el Marqués y yo, que él mismo decidió acompañarme a Barcina a seguir con la temporada operística, pues es buen aficionado a la música, sobre todo si el volumen es generoso……

Una vez en Barcina dimos aviso a Trullina del Raposal, mi querida hermana, para que nos acompañara al almuerzo de llegada, que no dudó en aceptar y se presentó rauda en el mismo centro de la capital. Una vez juntos todos, dimos un paseo por lo más típico de la ciudad para que el Marqués disfrutara de la belleza de la Ciudad Condal. Después de comer, Trullina se retiró a descansar, pues estaba aquejada de resfriado y debía tomarse un respiro.

El marqués y yo seguimos paseando y haciendo tiempo, pues a la noche debería hacer una presentación previa del resto de nobles, para, al día siguiente, asistir a la representación de una opereta.

Cenamos románticamente en un establecimiento de corte italiano y luego nos dirigimos a los locales habituales, dónde habíamos concertado cita con los Marqueses de Lagartera, los Señores de TT.RR.LL, el fascinante Dom Joseph de Cruixers y, para sorpresa nuestra, Maria Mercedes de Montpensier, en calidad de su hijo Odysseus... yo es que me lío con esta familia, que andaba por allí para hacerse cargo de una mascota.

Charlamos cordialmente para que el Marqués sureño se encontrara cómodo con las nuevas amistades y nos retiramos pronto, pues al día siguiente nos esperaban más visitas y paseos, amén de la opereta.

Todo el día siguiente transcurrió relajadamente, haciendo unas compras acá, y unos gastos allá, esperando ansiosamente la hora de la representación.

Cual fue nuestra sorpresa que nos llegó nota desde el palacio de Lagartera para comunicarnos que la representación sería en su propio palacete, y que todos deberíamos acudir vestidos rigurosamente de negro. Menos mal, Millenia, que una siempre va preparada para un entierro (cosa que en el pasado no ha estado de mas) y lleva ropa para todas las ocasiones, no siendo gran problema la vestimenta que se nos exigía.

Como el negro siempre es elegante, así nos dirigimos en carruaje al palacio de Lagartera, donde estaban todos los demás y alguno más… Resulta que la opereta representaba la llegada a la decrepitud de una chica pizpireta y ligera de cascos (ellos llamaban al personaje “La Pequeña Viciosa”) y su posterior entierro, algo tétrico pero divertido a la vez. La novedad de la representación es que hacían participar al público, y todos conformábamos bien el grupo de plañideras las señoras, bien el grueso del cortejo fúnebre los caballeros… Así pasamos la velada animosamente.

Lo peor para nosotros, el Marqués y yo, fue al día siguiente, pues después de acostarnos asomando ya el sol, tuvimos que dirigirnos de nuevo al palacio de Lagartera a posar para unos retratos que debían salir pronto en dirección al palacio de la señorita Siberiana Siberianova como regalo de su aniversario.

Tras un día agotador, el Marqués partió para sus tierras y yo para las mías, con gran dolor de corazón de ambos, pero sería por poco tiempo. Poco porque al fin de semana siguiente, aquí se presentó el Marqués de nuevo (yo ya empezaba a sospechar que me cortejaba) para hacerme una visita, pero yo tenía comprometido el descanso para visitar a mi queridísima Fulgencia de la Lobera, en su nueva residencia, un poco más al sur de su otro palacio en Murciasietevecescoronada.

Así que el Marqués decidió acompañarme y en mi propia carroza salimos a la mañana siguiente de su llegada camino del Sur. Al llegar al nuevo palacio de Fulgy nos encontramos con que se alojaba allí nuestra apreciada amiga Bernarda del Jinjol y Taronjer, con su respectivo marido, cosa que me alegró muchísimo. Y así pasamos el fin de semana animadamente, entre chascarrillos, ya sabes lo que le gustan a Fulgencia, y banquetes (veáse: comidas copiosas).

A la vuelta decidí acercar a su Valencia natal al matrimonio Jinjol, y así pasar a visitar brevemente a Maria Mercedes, que se encontraba en su palacio habitual, cosa rara. Como el Marqués debía tomar la montgolfiera a última hora de la tarde, me las vi y me las deseé para llegar a la hora, decidiendo yo misma guiar el carruaje hasta Magerit, poniéndolo a dos ruedas en algunas curvas del camino… Menos mal que tu y yo sabemos que una dama de hoy en día tiene que estar preparada para todo, por lo que pudiera pasar.

Y así han pasado los días desde entonces, con melancolía por Orly du Canard, Marqués de Gandalf y con ansiedad por mi próximo viaje a las islas, de nuevo.

Así que, querida Millenia, habrás adivinado que vuelvo a estar casada, pero tranquila, el motivo por el que me adjudicaron los títulos del marquesado sigue intacto, y seguirá.

Espero que hayas rebajado tu ingesta de cafés por el bien que le harás a tus arterias y a tu tensión habitual….

Un beso isleño

Yorelia de Winter
Marquesa del Férreo Camino
Mandergay

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