MISIVAS DE LA CORTE

Al menú de la Corte

 2ª de S.A.D. María Manuela de Montespán
           
a S.A.D. Dom Joam de Montecarmelo
(traducido del catalán)

Estimado y siempre añorado amigo

Recibo vuestra misiva por mano de la criada algo andrajosa que decía venir de vuestra parte y que me hace pensar sobre el estado y corrección de vuestra servidumbre. Por tanto no tengo inconveniente en que Ganímedes se dé a vuestro servicio en lo sucesivo, pues sabed tiene un hermano gemelo, Antino,  que permanece  conmigo y ostenta las mismas virtudes que el otro. Con lo cual ambos salimos  ganando, vos un sirviente honesto y de buena presencia y yo el evitar pagar dos veces por la misma cosa.

Os agradezco vuestras palabras sobre el enojoso asunto del botarate indefinible, pero podéis estar tranquilo, dado que un necio más en el mundo no molesta. No obstante el que sí está con cierta desazón es mi secretario victor1, que me viene mareando con no se qué historia de equívocos y de simulaciones.  

Con lo cual, mi Señor Duque, os rogaría que recibieseis a Victor1, quien os entregará la presente, pues así me lo ha pedido, -y deseo que Antino continúe a mi servicio por unos años, con lo cual le excuso del deber de llevar esta misiva- le atendáis en sus peticiones y le dejéis, si lo consideráis oportuno, consultar los archivos de la Escribanía de Montecarmelo. 

Sabéis que mi secretario es en exceso locuaz y adolece de cierta tendencia enfermiza a la averiguación de la verdad. No obstante he de darle razón en el hecho de que cuando tuvo lugar la visita al palacio de la difunta Mercedes para presentar mis saludos a aquel energúmeno  –la formación que me fue brindada me obliga a ser educada incluso con aquellos que no merecen sino una patada  en los íjares de acémila que gastan- me extrañó el empeño que pusieron en impedir todo acceso de victor1 a los archivos de esa Casa, pese a haberlo pedido con anterioridad a nuestra llegada. Llegó la cosa al extremo de que un bruto bizco al que llamaban Sven y que debe ser de descendencia normanda, de ahí sus rudezas, con grandes voces y a empellones introdujo a Victor1 de nuevo en la sala donde nos estaban recibiendo. Si bien durante toda la visita había evitado el mirar a la cara a nuestro anfitrión, por una extraña y desagradable sensación que me producía cuando dirigía la mirada a su barbudo rostro, en ese momento clavé los ojos en él en demanda de explicaciones por tan insultante trato: Lo que vi me desconcertó tanto, Joam, que inexplicablemente cerré mi abanico, sentí la necesidad de no exigir satisfacción por el desagradable hecho y con la mejor de mis sonrisas decir a las Damas de mi séquito que la noche se acercaba y que debíamos iniciar nuestra partida.

Puesto que tengo intención de visitaros en vuestra morada en breve, dejo para ese momento el comentario de lo que acabo de explicaros, pues sería largo y prolijo el escribir esa sensación que me forzó, contra mi natural impulso, a no hacerle tragar mi abanico a quien tan descortésmente me había tratado en la persona de mi secretario.

Mi querido Duque, reitero mi petición a favor de victor1 y deseo que tengáis a bien atenderle  en lo que el os demandará. 

Vuestra siempre,

María Manuela de Montespán, Duquesa.

arriba        Al menú de Las Cortes

Alojamiento Web