MISIVAS DE LA CORTE  (17)

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1ª  de S.M.A.S  Doña Yorelia de Winter, Marquesa del Férreo Camino
  a S.A.D. María Manuela de Montespán

Ay, Manuela!! Qué disgusto!! Qué volver a recordar tiempos pasados!! Te cuento:

Alejada como estoy de la Cibercorte, por esto de vivir en Mandergay, nunca me entero de nada, pero tuve que mandar a mi criada Marianela, mis oídos y, sobre todo, mis ojos fuera de aquí, pues yo casi no salgo y es ella la que va y viene, a hacerme unos recados. En estos últimos días la envié al principado del Edén a por unos productos de huerta que nos hacían falta, pues tenía obligación de celebrar una fiesta para celebrar el XXXV aniversario de la conservación de mi virginidad.

Pero cuando volvió, trayéndome las noticias que me trajo...... Ay, Manolita, yo creo que se me rompió el precinto, no lo sé seguro, pero no me atrevo a celebrar esa fiesta. Una dama no puede quedar tan en ridículo si se comprobara – como se hace cada lustro por un médico de mi confianza – que aquello ya no está. 

E
n fin, me desvío del tema, estos son otros cantares. Mira, Manuela, esto que te voy a contar, ha de quedar entre nosotras, como amigas/hermanas que somos, pues es algo que, sin tener yo culpa alguna, aun me avergüenza  


La Marianela vino del principado diciendo que había oído chafardeos acerca de una bruja, una tal La Saler. Ay cuando oí ese nombre! Todo fueron oscuridades y mareos.

El año pasado, como tu bien sabes, yo fui víctima de esa tal “señora”, pues por lo visto, con uno de sus encantamientos, al igual que con Don Joam de Montecarmelo, me hizo ver lo que no había, y pequé, Manoli, pequé. Obnubilada como estaba, distraída de los sentimientos, necesitada de afecto por culpa de mi ruptura con el dómine que ilustraba mi vida, sufría. Y entonces, por mediación de mi criada Marianela (de buena fe, qué iba a saber ella) me puse en contacto con una señora que daba remedios para el mal de amores. ¡¡ Maldito momento en que la conocí!! 

Pensando que aliviaría mis desvelos con alguna terapia de relajación y aromas, lo que hizo fue darme uno de esos famosos bebedizos, como a Don Joam, y mi espíritu, además de mi lujuria, levantaron cabeza. Y al levantarla, vi ante mis ojos lo que fuera, pero que me pareció un recio galán. Sabiendo cómo me gustan los hombres recios, caí de hinojos toda enamorada, pero ay! Manoli (perdona el tratamiento tan en confianza, pero estas confesiones tan íntimas bien lo merecen. Espero sepas disculparme), bueno, lo que te contaba, ay! Manoli, lo que había de verdad era........ ¡¡una mujer!! recia, eso si, pero una mujer. 

Esa tal Saler, con el veneno que ingerí, me transportó a Mitilene y conocí a Safo. Si, Manuela, si, buceé en el mar de esa isla y pesqué almejas, ostras y mejillones. Un horror. Menos mal que gracias a las visitas que te hice, como bien recordarás, fui saliendo del encantamiento. Y ya sabes que fue entonces cuando me di cuenta del hechizo. ¡¡Qué bien me hiciste ver que aquello que yo creía un galán, era un recia campesina!! El resto ya lo conoces. 

Por eso te escribo esta misiva, para preveniros contra ella, aunque sé que lo haréis. Y para disculpar a Mercedes, pues os podéis imaginar que está bajo uno de esos manipuladores encantamientos. Yo creo que La Saler está medrando para ascender en la Corte, pero debemos estar alerta. Si consigue conocer a mas componentes de esta Cibercorte, no quiero pensar en el Barrio Sésamo que se convertirán nuestros palacetes.  

Ah! Una cosa, se me olvidaba. Sabéis que Mercedes decidió desmantelar el cenador de la Rosaleda, ¿verdad? Bueno, pues que sepáis que Marianela (la criada que os lleva esta carta) vio como estaban levantando otro en el mismo lugar, pero esta vez (que desbarajuste) con materiales traídos directamente de Leroy Merlín, todos en kit. Servidora no piensa ir a tomar chocolate ni nada parecido bajo un entramado de kit que puede desmoronarse en cualquier momento. 

Un beso, Manuela, pronto nos veremos y pondremos las cosas en su sitio. Abrazos.  

S.M.A.S (Su Muy Alta Señora) Doña Yorelia de Winter, Marquesa del Férreo Camino.
Mandergay 

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