MISIVAS DE LA CORTE (21)

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 4ª De la Duquesa de Montespán 
        al Duquesito de Montecarmelo

Joam, apreciado amigo

La presente viene de mi propio puño y letra, por ello apeo los tratamientos de cabecera esos que tanto gustan a los Secretarios y voy directa al texto, pues sabed que Victor1 se halla ausente de palacio, por haberle encomendado yo una misión en Galicia que le mantendrá apartado de la Corte el tiempo suficiente para que medite sobre las consecuencias de las ligerezas vertidas en cartas inoportunas.

De paso investigará sobre una presunta plaga de ratas que al parecer azota la Corte de la Archiduquesa, según ha comentado ella en uno de los chocolates a los que asiste. Mi corazón generoso y la estima que le es debida justifican que prescinda de Víctor y le encomiende el servicio de aliviar a dicha Dama de esos inconvenientes que, se ve, padece. Víctor hará lo debido. Y en tanto que padezca con la lluvia y la galerna y los ocho reales que le di para su sostenimiento, para que aprenda: que coma  grelos y patatas. 

Os comentaba  sobre cartas inoportunas y ligeras. Eso me recuerda que después he de dar orden de que lleven a Madretere a una leprosería que ha solicitado sus servicios en Calcuta, donde sin duda la monja podrá llevar a cabo su ministerio con plena satisfacción, aquella que de seguro no obtenía del todo con la contemplación de los chorizos de mi despensa, con lo cual ambas ganaremos: ella en santidad y yo en ahorro de vituallas; curiosamente la contemplación merma los víveres que es un gusto. 

R
etomando el hilo de mi relato, os decía que tenéis razón en negar esos infundios que os atribuye la monja extasiástica, que sin duda malentendió lo que atisbó a oír con el oído pegado a la puerta. A la vista está que la Michirona y su hermana no pueden ser hijas vuestras, dado que aunque la coincidencia de caracteres y personalidad con Vos son extraordinarias en lo lúbrico y en lo mundano –dignas hijas de su padre se diría, fijaos- la simple comparación de edades imposibilita que su concepción sea obra vuestra, pues en esos tiempos Vos habíais dejado bien atrás la época de fertilidad normal en un varón y, si bien se han visto prodigios, tanta casualidad sería mucha. Niegome a dar crédito a tal posibilidad y asumo gustosa vuestro consejo, fruto indudable de vuestros venerados y provectos años. 

No obstante, me permitiréis el atrevimiento de hacer una aclaración al contenido de la segunda carta, causa de la plausible indigestión de grelos de Victor1, respecto a esos caballeros que se dicen salen de mi palacio abrochándose los pantalones. 

Como sabéis en los últimos tiempos, con  motivo de la venida a la Condal Corte de ilustres personas de otros pagos me he visto obligada –con sumo placer ciertamente- a ejercer mis funciones de anfitriona de embajadores dada la extinción de nuestra añorada Casa de Barcelona, a quien hubiera correspondido esa función protocolaria. Es poco modesto y oportuno que haga mención de la abundancia y perfección de mi mesa, pero me someto a vuestra reconvención haciéndolo, puesto que esa es la causa y no otra de que los dichos  caballeros sean vistos abrochándose las calzas y ajustándose las levitas, pues en la era de mala educación y pérdida de valores que nos invade estos bellacos ordinarios desconocedores de cualquier etiqueta y civilización no dudan en desabrocharse las vestimentas y a hacer sitio para sus voluminosos vientres tras haberse puesto ahítos de manjares de mis cocinas. Tal falta de decoro ha sido observada y criticada por otros cortesanos, que me lo han señalado. Y Victor1, de natural algo misántropo se sentía turbado con tanto fasto y tanta fiesta, lo que le indujo sin duda a tan precipitadas conclusiones. Vuestra Duquesa, querido Joam, sabe muy bien guardar su miriñaque de impertinentes y petimetres, miriñaques que, por cierto, estoy renovando, dada la entrada de la primavera que aconseja prescindir de tafetanes y telas gruesas, tal como manda la nueva moda imperante en la Corte Condal, que han dado en llamar “alla Rusticana”. Como no salís de palacio no os habréis percatado de la novedad que supone la dicha tendencia, que nos ha liberado de todo ese peso en la vestimenta y el peinado, que prescinde de la peluca cortesana y los polvos de arroz. En mi próxima visita a vuestro retiro podréis ver, espero que sin vuestras burlescas observaciones, picarón, los cambios introducidos.  

Os quería pedir consejo, aprovechando la circunstancia, sobre la conveniencia o no de pedir a la Archiduquesa algún tipo de renta destinada a subvenir  los cuantiosos gastos que me está produciendo esta actividad de anfitriona de embajadores. Ella es generosa y potentada, y dado que sus preocupaciones por la plaga de roedores antes mencionada le dificultan la dedicación a estos menesteres de recepciones y actos de Corte, podría considerar la oportunidad de dicha recaptación que liberase mi castigada hacienda de algo de su onerosa carga. Vos me diréis vuestro parecer, Joam.  

Estimado, os dejo ya, pues me esperan unas Damas para el chocolate de las cinco y después he de aprestarlo todo para la recepción del Marqués de Santacompaña, un noble coruñés que ha tenido a bien efectuar una visita a nuestra Catalana Corte.  

Siempre a vuestro servicio 
María Manuela de Montespán, Duquesa  

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