MISIVAS DE LA CORTE - (27)

Al menú de la Corte

2 ª A la S.A. la Baronesa de Ibiza,
de De la Reverenda Madre Madretere  

Altísima Señora,

Vuestras manos beso y sabed que os escribo desde Sicilia, en la esperanza que Santa Brigida , elSeñorquieraquemeescuche, os haga llegar con  bien esta nota.
 


Sabed que la Duquesa vuestra prima me encomendó como subsidiaria a una orden de monjas mendicantes que trabajan en Calcuta con los pobrecitos leprosos, Dioslosampare, para que continuase mi santificación por otras vías;  no viviré lo suficiente para agradecerle su inmensa caridad y bondad, pues yo, por mis medios, nunca hubiera tenido ni el acceso ni la idea de llevar a cabo tal cosa, laVirgenlaprotejaylosSantosvelensusueño; pero el caso es que halléme allí poco santificada y sí en exceso mortificada, pues una cosa es arrebatarse por el éxtasis y otra muy distinta que la coman a una las moscas, que son las únicas que allí comen pues no hay en esos pagos otra cosa que arroz hervido, con lo cual apercibíme de que mi santificación diaria estaba en disminución constante. Ello determinó que, haciendo gala de un sacrificio del que no me creía capaz, una noche salté la tapia de la leprosería y díme a los caminos de esa tierra de gentiles en busca de alguna orden cristiana piadosa que me acogiera en tanto resolvía sobre qué habría de hacer en lo sucesivo. 

Mientras divagaba mi pensamiento en esa oscura noche que cubría el camino fui asaltada por una partida de energúmenos con turbantes y alfanjes que, eldemoniolosconfunda, me apresaron dando con mis pobres huesos en un barco que zarpó de inmediato con destino desconocido. Ya en alta mar, me quitaron el saco que me habían puesto por la cabeza y al verme prorrumpieron en airadas exclamaciones en su bárbaro lenguaje, motivadas sin duda por mi aire de profunda cristiandad, aunque me pareció colegir que en realidad se estaban refiriendo más bien a mi cara y a mis formas físicas, a juzgar por sus señalamientos y sus ademanes simulando arcadas. 

Acto seguido me empujaron sin miramientos a las letrinas del bajel con una fregona y un estropajo de esparto, indicándome de modo brutal que en lo sucesivo mi destino estaría aunado al estado de las mismas.

De vuelta a la bodega donde me recluían me percaté de un voluminoso bulto cubierto de andrajos que parecía respirar: dirigime  a él y al tocarlo una súbita erupción de carnes mantecosas apenas tapadas por un hábito de franciscano en penoso estado se mostró provocando mi asombro, pues reconocí en aquello a un hermano en la fe de Cristo, lavirgensantameproteja, y al parecer de la citada orden del Santo de Asís. 

Recuperados del estupor inicial, nos presentamos y nos contamos nuestras cuitas y el porqué estábamos cada uno allí.... MadredediosydetodoslosSantos, en la persona del franciscano reconocí a quien había dado encargo de haceros llegar una carta de mi puño dirigida a Vos para haceros sabedora de ciertas cosas acaecidas en Palacio y someterlas a vuestro buen juicio.  

Al parecer, el frailuco fue capturado por los piratas beréberes cuando intentaba  llegar a Ibiza, a informaros, lo que son las cosas Diosnosampare, de que unas cartas provenientes del Palacio de Montespán que le habían sido confiadas, la mía y otra, le habían sido sustraídas por el Duquesito de Montcarmelo, quien auxilió al fraile tras un altercado con unos gañanes y que, contra lo que le prometió, no hizo llegar las mismas a su destino. 

El franciscano tomó el bajel a Ibiza que tenía previsto, pues iba a evangelizar teutones, abundantes en esos parajes -eso decía, pero yo a juzgar por como movía las manos y la baba que le caía al contarme sus intenciones cristianas intuyo que no solo estaba en su ánimo el evangelizar- y de paso advertiros de la contingencia acaecida, cuando el navío fue abordado por los piratas y él hecho preso, hasta ese momento.

Me contó que fue sometido a todo tipo de felonías que cometieron con él desde el grumete hasta el capitán, elmalignolosconfunda, a las que sobrevivió milagrosamente, y me comentó que de resultas de ellas hacía días que no podía sentarse bien y confiaba en la Divina Providencia para su pronto restablecimiento y la continuación del martirio en pro de su santificación en vida. 

Contestele yo que eso de la santificación estaba muy bien, pero que a bordo de un navío de infieles poca santificación íbamos a tener por lo que teníamos que elaborar un plan de fuga, pues una cosa es santificarse adecuadamente y otra, diosmeperdone, el ser un cretino. Opuso a ello el frailuco sus protestas diciendo que había encontrado su vía de satisfacción espiritual en el martirio al que estaba siendo sometido y que no contase con él para nada, pues su vida habría de ofrendar en aras de ese santo cometido aunque por la vía fuera de tal sufrimiento. 


En suma, mi Señora, que hube de apañármelas sola, dado que ningún éxtasis me producía la visión de aquellas letrinas y la carencia de un ambiente recogido espiritualmente, pues no había despensa donde encontrar solaz para mi alma. Aquellos bárbaros solían hacerme subir a cubierta para, con gran infamia, hacerme bailar jotas  al ritmo de un tamboril, danza que aprendí antes de tomar los hábitos en mi Aragón natal, lo que les resultaba sumamente cómico, para escarnio de mis vestiduras talares. Me avine a ello sin excesiva resistencia porque creí ver en esa circunstancia una posibilidad de, llegado el caso, poder evadirme, como así resultó. 

En efecto, llegados al Mar Rojo, donde los piratas tenían negocios que resolver, a la vista una tarde de tierra, les indiqué por señas que les iba a variar el espectáculo, diosmeperdone, con la introducción de algo nuevo que requería que me subiera a las jarcias. Intrigados como estaban los beréberes, me dejaron hacer y por las cuerdas trepé, no sin esfuerzo, pues las chancletas de Cipango regalo de la Duquesa me entorpecían grandemente la ascensión, tanto que a punto estuve de dar con mis huesos en cubierta en dos ocasiones, lo que celebraron aquellos engendros de Satanás, elseloslleve, con grandes risotadas. Llegada a lo más alto del palo mayor y cuando el tamboril inició un redoble furioso tiréme cerrando los ojos al mar, donde comencé a nadar –la monjas de mi orden fueron adiestradas en esa habilidad por una hermana de las Indias Occidentales que atendía por Sor Esther Williams, pues nunca se sabe qué cuitas te ha de deparar el apostolado- ganando la costa entre las imprecaciones y los arcabuzazos de los piratas que mostraron su furia por quedarse sin espectáculos regionales.

Llegada a tierra corrí hasta sentirme a salvo y allí comencé mi periplo hasta mi actual paradero. Robé, diosmeperdone, unas vestiduras de mujer de la zona que estaban puestas  a secar, pues con mi hábito denunciaba  mi extranjería, y haciéndome  la muda loca conseguí llegar hasta Haffa, donde, disfrazada de matrona cíngara de pandereta conseguí embarcar en un navío que me dejó aquí en Sicilia, desde donde solicito vuestro auxilio, pues se me han acabado los recursos y no encuentro modo de hacer llegar noticia a la Duquesa en Barcelona. 

Más la Divina Providencia ha querido que se diera la casualidad de que enteréme de que partía un bajel a Ibiza hoy, lo que me dio idea de remitirme a Vos, rogándoos perdonéis mi atrevimiento por ello. 

A Vuestra Caridad me encomiendo para que hagáis llegar recado a Doña Manuela para mi auxilio, o , si cabe, me auxiliéis Vos directamente, pues una estancia en Ibiza sería aconsejable para reponerme  de todas estas penalidades que he sufrido, amén del consuelo espiritual que mi presencia en vuestra morada ofrecería sin duda con tanta santidad como he acumulado estos meses. 


Recibid mis bendiciones, de vuestra humilde servidora

R.M. Madretere

arriba        Al menú de Las Cortes

Alojamiento Web