MISIVAS DE LAS CORTES (30)

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Su Alteza Serenísima Odysseus I de Éden
a la Duquesa del salar, su AYA

Palacio de Summa Felicitas 
Ithaca, 
Principado de Éden 

Mi querida aya

Cuanto lamento haber dado a conocer esta correspondencia a los Cronicones de las Cortes! Tanto se empeñó el señor de Sven, a pesar de que le avise de que sería de lo más perjudicial para determinadas reputaciones, pero él y su afán memorialista han hecho que este disparate lo vea todo el mundo. 

En fin, sabed que vengo de terminar un viaje con la Sociedad Geográfica del Principado. Ciertamente, la esposa de don Lorenz, el Barón de la Caña, acertó en el diseño caqui divino mogambo de los uniformes de la sociedad. 

Fuimos a cartografiar las fuentes del amplio rio Guadalentón que, como su propio nombre indica, va lento y remansado por todo el reino de la corona mía, y que en la cabecera no tiene un manantial sino un amplio lago al que bautizamos Lago Mercedes, en honor de mi Serenísima (y Difuntísima, a ver si se van enterando, querida aya) Madre. Un poco mas allá hay unas impresionantes cataratas a las que bautizamos Cataratas Montpensier. Claro, que luego dirán que si aquello mas que un lago era una charca y que si aquello mas que una catarata era un salto de acequia. En fin, como tu decías cuando yo era pequeño, "cosas veredes".

Justo después de nosotros llegó una monja de famélica faz a construir una pequeña ermita a las orillas del lago. Llevaba una capa raída con las armas de la Montespán -sirena de pechos lujuriosos cantante y rampante en campo de rojo y oro- y no quise preguntarle nada mas, pues ya sabes cómo se las da la Montespán de piadosa. Aunque es cierto que las fotografías en boudoir le hacen, mas que justicia, halago. Para para mi que son artimañas de esta artera dama para conseguir marido. En fin, que en esas estamos. 

La Montespan parece haberse salido de madre, aunque no se si nunca estuvo dentro. 

Ausentándome de la capital de mi reino me he encontrado con bastante correspondencia que me incumbía, aunque solo fuera tangencialmente, pero lo cierto es que poco me importan ya estas vanidades en particular. Sabiendo que mi padre carnal esta tan, tan enfermo, veo que el mundo es solo humo, ni tan siquiera fuego, y no me atrevo a mandarle ningún mensaje porque parece que hay que dejarle un doncel de peaje. Y la verdad, los donceles de mi reino, señora, son libres de ir a donde les plazca. Lo siento por él, pero más abrumado estaría sabiendo que a quien con tanta saña ataca es sangre de su sangre, así que prefiero no añadir una mas a sus cuitas.

De la Marquesa del Yermo y de la Vega hace tiempo que no he oído nada. Creo que esta cuidando a su hermano, ex obispo, que se ha visto seriamente implicado en el ''caso de los monaguillos''. Lo cierto es que las vistas del juicio han sido presenciadas por personal de mi Chancillería y los testimonios ahí vertidos son, a su modo de ver, del todo punto horripilantes. La persecución constante de monaguillos por aquel prelado, produce relatos de los mas estremecedores, que conviene no oír a menudo.

La Archiduquesa Regente me es ya completamente extraña.

En fin, señora, que continuo mi plácida vida en Ithaca.

Recibid mis mas afectuosos saludos 


Odysseus de Montpensier y Curtidores

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