MISIVAS DE LAS CORTES (31)

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2ª de la Duquesa del Salar a
Su Alteza Serenísima Odysseus I de Éden

Querido Odys, al grano, que con las gruesas palabras que he de poner en esta, si me paro en las finas quedará desentonada la música de la carta toda.

Dejad la corte catalana lo antes posible, no ya por que apenas es catalana y mucho menos corte, sino porque con la archi-regencia que sufren se ha contagiado de manifestaciones casi tan gruesas como las originales.

Huid raudo y sin excusas, que nunca se vio salir indemne a una manzana sana de un cesto de podridas, y no procede dárselas de valiente contra calenturas y fiebres que el grado de pandemia han alcanzado.

No oigáis los desvaríos de vuestro padre, que ahora se finge abuelo y que, desde su caída al barril de brea, cree haber pactado con el oscuro.

Olvidad las ‘dislateras’ palabras de la Duquesa de múltiples personalidades, todas aviesas, que algo más que rezos, recomendaciones y reposos necesitará para recuperar lo poco de sano que en ella quede. No sería extraño que nada se salvara, o que, de conseguirlo, fuese una monstruosidad con la mala cuchara de la monja, el mal gusto del secretario, y las liendres como tigres de Ma. Manuela.

Perdonad, eso sí, la caída primeriza de nuestra amiga la Princesa de la Rosa, que la inocencia no por engañada ha sido perdida. Andad en lo sucesivo mas cuidadoso con vuestras confidencias, que no siempre los leales, quizás por ligereza, las custodian como merecen.  En cualquier caso, cubierta ya la voluntad de Ma. Mercedes, Q. E. P. D., tratadla como en lo sucesivo se merezca. 

De la Fulgencia ni os hablo, pues ya sabéis que poca atención merece quien con alegría mezcla divino y profano para escándalo y refocile del vulgo.

En cuanto a la reciente ocupadora de Mandergay, no sé qué deciros, si que procuréis su amistad ya que no advierto veneno en sus dardos, o que la rehuyáis también, como medida profiláctica, que mucho es el trato que tiene con la enferma corte. Quizás el tiempo nos saque de dudas. 

No os preocupe que a mi persona traten como hechicera, alcahueta o posesa, que desde torres mas altas atacaron, y todas cayeron. La realidad es tozuda de por sí, y sola se impone sin precisar de ayudas ni preocupaciones.

Por último, no os desasosiegue el silencio del Sr. De Sven, antes haced como él y callad, que a nadie hace sabio la discusión con torpes; continuad el trato con vuestros amigos, seguid el sano deporte que habéis iniciado, caminad seguro por el mundo, que no faltará quien bien os quiera. 

Un millón de besos, zascandil mío.

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