MISIVAS DE LAS CORTES (32)

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1ª de le Signeur de le Mercôuch
al Duquesito de Montcarmel

Querido duque,

Siempre es un placer leeros, y más si me alcanza en momentos lacios, en los que nada mejor que una palabra amiga para salir de ensimismamientos nada positivos.


Un tanto inquietante es vuestra carta, no solo por lo que en ella relatáis, sino también por el estado de confusión que os deduzco, mas allá del que confesáis.

Intentaré humildemente aclarar aquello que me cuestionáis, si bien no confiéis en exceso de mis informes, habida cuenta de que me habéis contagiado algunas de las dudas que exponéis, lo que casi me inhabilita de poder resolverlas. Aún así me atrevo a escribiros porque, al igual que los comuneros, espero encontrar, y que encontréis, en las razones ajenas, nuevas razones.

En primer lugar me referiré a la carta de vuestra prima la Condesa del Put i Ferí, ya que como sabéis me fue dada a leer en la biblio-net de la corte, donde se recopilan para la posteridad los más doctos documentos de los palacios y cuevas del reino.

En la tal carta se aprecian, efectivamente omisiones e imprecisiones, pero ello no os ha de confundir, ya que si no os cita, es para mantener tensa la trama del relato en tercera persona, y poder expresar opiniones que de otra manera serían obvias. Cómo si no habría omitido que el título de enanas fue dado por vos mismo a la Duquesa y a su embebido (acepción primera) acompañante.

En cuanto a los otros comentarios, que si hizo, solo los puedo calificar de corteses, a la vista serena de este observador poco sereno en aquel entonces, pero no abducido ni empolvado con ninguna cordillera.

Extasiada sí que estuvo en la ceremonia, pero no llego a asociar ese estado semibobo semirisueño con las influencias de Safo, de nuevo creo que vuestra polvisca suramericana influyó más en ese tema.

En cuanto a la omisión de Singerina, convendréis conmigo en que es el mejor favor que pudo hacerle, ya que de haber dado rienda suelta a su extenso vocabulario, la marquesa del Put i Ferí habría podido dirigirle mil y un improperios merecidos.

En segundo lugar no dejaré de comentar la obra de vuestro pintor, y lo haré por partida doble, que dobles fueron sus perpetrados hechos.

Con ocasión de la conmemoración, vuestro pintor (¿qué le dais de comer?) nos recogió a los asistentes en posturas y gestos tales, que de haber sido bueno el pincel, pareceríamos salidos de los borrachos de Velázquez, o incluso de las pesadillas de Goya.

Y con ocasión de inmortalizar a Charito (¿legítima de qué?, la queréis hacer ... ¡ay! ) el susodicho infame de los pinceles (¿qué le dais de beber?) la convirtió ni mas ni menos que en la visión de aquel poseso en el que antaño obró tan prodigiosos efectos cierto bebedizo ... y no sigo, pues mi discreción me impide preguntar si guardasteis muestra de él, y a qué fines. Claro que a veces me asalta la duda, ya os advertí, que fuese este cuadro el que inspirase el mal sueño y no al revés.

Esta sospecha se hace más intensa toda vez que recibí vuestra carta por triplicado y por el Correo Real, no en mano de la supuesta Charito, a la que solo conozco por el cuadro antes citado (¿existirá realmente?, ¿será quien dice ser?, ¿os estará alguien engatusando?, vigilad a los tenedores de gatos ... algo tendrán que ver).

Referente a Madretere y su salida de palacio, pronto tendremos ocasión de saber todo, todo, puesto que como estaréis informado, se haya de vuelta adelantada, y se la supone ahora entre Sicilia e Ibiza o quizás en el mismo Condado de Barcino.

Para terminar, querido amigo, os expreso un deseo y una petición. El deseo de que se confirme vuestra recuperación, de la que ya da buenas señales la firmeza de vuestra letra. Y la petición, que nos invitéis a vuestro pabellón a conocer a Ganím... digo, perdón, a degustar los frutos de vuestros bosques, junto a vuestra siempre ingeniosa charla.

Un Abrazo,

Mercurio de Mercôuch

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