MISIVAS DE LA CORTE (33)

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1ª a  S.A.D. María Manuela de Montespán  
 de la Marquesa del Yermo y de la Vega

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A mi ilustre amiga, Doña María Manuela, Duquesa de Montespan
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Mucho tiempo ha que no recibís noticias de esta, mi tierra, pero los deberes como Camarera de distintos santos y los recogimientos propios de la Semana de Pasión me han tenido muy ocupada y atareada. Además os diré que he otorgado mi patronazgo a una nueva congregación de monjas “azarrapastrosas”, como dicen mis medieros, que he instalado en uno de mis caserones. Su advocación es antigua y noble, y mi tatarabuelo ya donaba a esta orden reales y maravedíes. Sabed que están bajo la protección de  Nuestra Señora del Contrapasmo, Virgen milagrosa donde las haya, y a estos menesteres he destinado mucho tiempo. 

Ya os contare con detenimiento la salida en procesión de Nuestra Señora y las nuevas galas que la adornan, por mor de mi vieja e ilustre casa y para honra de Dios y ejemplo de descarriados. 

A
demás, la Congregación de las Adoratrices del Divino Paquete y la Colegiata de la Virgen del Cerro de las Locas han realizado un homenaje a mi persona con participación de mi ilustre hermano, y a este punto último quiero referirme, que algunas habladurías me han llegado por mis queridas hermanas las Adoratrices, que están en este mundo y en el otro, cosas de sus cultivadas mentes. 

Parece ser que algunas injurias se han vertido sobre mi persona que ha hecho una tal Salar, y algo sobre un juicio a mi hermano. Pues bien, de lo primero luego os diré la verdad; pero de lo segundo, parece que ese tal príncipe, no sé de que principado, ha publicado que mi hermano, Obispo de esta Diócesis de Cartagena, ha sido juzgado, por un delito de “perseguir monaguillos; pero qué desfachatez, que osadía, que desliz y que incultura. Mi Ilustre hermano no puede ser juzgado por nada. Ese principucho de novela de a dos reales  poco o nada sabe de títulos y leyes, y menos de las Canónicas. Pero claro, eso es que debe ser como su supuesta madre (querida amiga, cada día estoy mas convencida de que aquí hay algo oculto: satanismo o brujería, a saber), que gustaba del licor de higos chumbos, muy apreciado en esa tierra. Fíjate, que hasta se lo beben con las “punchas” y todo. Algo me dice, querida Manuela que las Damas de alcurnia y retiro como nosotras tocamos a su fin. Tendríamos que pedirle la receta a la Michirona.... Ay, se me escapo antes de tiempo... Nada olvídalo, que eso es para otra carta. 

Pues bien, decía que nada sabe, y quiero explicártelo a ti. Mi hermano, como bien tu conoces, docto personaje, siempre ha sido vilipendiado y criticado, por su gran conocimiento, que nada ni nadie lo apartan de su empeño en recopilar una historia de este nuestro Reino y, sobre todo, de indagar sobre familias y parentelas. Y ese es su mal:  por tal labor es objeto de crítica de las malas lenguas que “algo” tienen que ocultar.  

Hace un tiempo asistió como juez a una causa en contra de un canónigo de su Diócesis, sobre unos escritos algo ligeros de tono. Te diré que versaban sobre una mujer que se hacía llamar “La Salerona”, y ello quiero relacionarlo con el primer asunto. El tal canónigo, antiguo Magistral de la Colegiata de Heliopolis - esa que es ni es de un principado, ni nada de nada-  conoció en lindezas y amoríos a una mujer de vida alegre, con casa y mancebía, a la que dedicó unos versos, y por ellos precisamente se le juzgaba. Pues bien, en tales versos cuenta sobre una tal “Mancherón” (fíjate bien el símil), conocida por su utilización de lengua y garganta y por manchar caros vestidos con restos de su trabajo. Pues bien, en ese juicio, mi ilustre hermano consolaba al afligido canónigo y con recogimiento le decía “oculis mei non legere demoniae scriptus”, así es su Ilustrísima. Creo, que algunos helipolitanos allí presentes montaron un revuelo y un escándalo. Imagino que ese personaje, al cual dedico un capitulo en mis Opúsculos fue informado y haciendo chanzas y risas, ha ido difundiendo esas mentiras ignominiosas de mi santo hermano.  


Sabed querida amiga que ha sido propuesto para el Cárdelo, seria honra y lustre para nuestra casa; además sabed que tendríamos palacio en Roma, para visitar a su Santidad. Pero nada, que con tanto que contar se me van las letras del papel.

Como os decía, he estado muy atribulada con tanto trabajo de Semana Santa, pero ahora volveré a escribiros con regularidad. 

Respecto al segundo tema, no os fiéis de esa aya: es mala mujer, y algo me dice que muy intrigante; su ascendencia social es baja, seguro.  Algo me dice que esta emparentada con el supuesto príncipe. En los últimos años, Merceditas no tenía la cabeza muy puesta, y sombras y demonios rondaban su casa: tened cuidado. Todo esto os lo digo porque va diciendo por ahí el susodicho príncipe que estoy mas o menos loca y que mezclo lo humano con lo divino.... Pobre mente aquella que tiene por única lectura  los pliegos de cordel del populacho: y qué osadía la de la Saler decir que yo entretengo a la plebe... ella no los entretenía: seguro que les cobraba y punto. Ya sabéis querida amiga, que me gusta ser como la de Alba, popular y aguerrida, que para melindrosas y santurronas ya tenemos muchas: “de las aguas mansas nos libre Dios que de las bravas me libro yo”. Algo me dice, Manuela, que tendré que sacar a la luz las historias de esa malhadada ciudad. Ya  os lo explicaré con mas detalle.

Por cierto, mandadme noticias de la corte Catalana, que poco sé: mi retiro espiritual ha tocado a su fin, la primavera ha llegado a nuestra ciudad y todo el mundo anda de fiestas y saraos.

Un beso de vuestra querida amiga,

Marquesa del Yermo y la Vega.

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