MISIVAS DE LA CORTE (36)

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 1ª De S.A.D. la Duquesa de Montespán 
        a la Corte TODA

Estimados Pares,

Habiendo regresado de un súbito viaje que, por razones que pronto sabréis, hube de emprender, encuentro que en mi ausencia se ha difundido una injuria a mi persona ante la que no puedo callar, pues siguiendo el lema de la Cibercorte, “más vale que nos lo cuentes, que si no nos lo inventaremos y será peor”, la prudencia aconseja me pronuncie sobre el infundio referido.

Si bien en los últimos tiempos se han prodigado los insultos a mi persona, vinientes de manos varias que han elaborado caricaturas y sátiras sobre la Montespan, en ningún caso he sentido necesidad de salir al paso de tales actos, pues una Duquesa de mi rango no puede ni debe rebajarse a conceder importancia alguna a lo que perpetren bellacos mal nacidos. 

No obstante, en este caso no puedo permanecer en silencio dada la procedencia del tal rumor, nacido en el Pabellón de Caza de Montecarmelo. Os he de recordar que el Duquesito está aquejado de males diversos, entre los que se encuentra la demencia senil, que se le ha agudizado desde que frecuenta lugares inconvenientes e insalubres. Sabed asimismo que la medicación que toma para paliar los efectos de su triste mal le produce delirio y alucinación y el pobre no rige como debiera.

En mi última visita a su Palacio, motivada por un agravamiento de su enfermedad que hube personalmente de atender, conjuntamente con mi Secretario Victor1, pues sabed que su mal le atacó fuera de Montecarmelo, le insinué al criado del Duquesito, Ganímedes, que vigilase de cerca a María del Rosario de Montpensier y Curtidores, antes la Charito,  alojada en esa Casa, pues su aspecto lozano y el brillo de sus ojos, me hacían sospechar que la mujer estaba embarazada, y que informase a su Señor sobre tal eventualidad cuando Dom Joam recuperase el ser. Así debió hacerlo Ganímedes, pero al parecer el Duquesito no estaría tan recuperado cuando entendió que la posible preñada era yo y no María del Rosario, extremo que he podido contrastar con este, pues mandele llamar ayer a mi presencia y confirmó que así fue y que, pese a todos sus esfuerzos, no había podido convencer a Dom Joam de que se encontraba en un equívoco. Reparad, Señores, que estoy diciendo que posiblemente la gemela Montpensier esté en estado, no afirmo que, efectivamente, se halle embarazada. El tiempo dirá.

Dado el triste estado de nuestro estimadísimo Duque de Montecarmelo, que le impide percatarse de su error y de las consecuencias del mismo y, a tales efectos, con carácter de  comunicación oficial de mi Ducal Casa, declaro públicamente que Yo, María Manuela de Montespan, Duquesa de ese nombre, no estoy ni he estado jamás en estado de buena esperanza y menos de trillizos, como se dice por ahí. Por tanto me harán el favor sus Señorías de cesar en el murmullo inútil que la Corte está invadiendo, así como en el envío de esas ropitas azules y rosas para bebés que se me está obsequiando sin motivo alguno, pues al ser de mohene no me sirven ni para paños de cocina. 


Dado en el Palacio de Montespan, a día de hoy


María Manuela de Montespán, Duquesa  

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