MISIVAS DE LA CORTE (37)

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6ª a  S.A.D. María Manuela de Montespán  
 de S.A.D. Dom Joam de Montecarmelo

Venerada Señora, querida amiga, duquesa mía:

A vuestros pies postrado, mordiendo el polvo de la vergüenza y de la contrición espero cualquier castigo que consideréis oportuno infringirme como justo pago a las imprudentes palabras que en su día proferí, llevado tan sólo por el amor que os profeso y por la alegría sin límites que nació en mi negro corazón al pensar que vuestra gentil y menuda figura se vería perpetuada en tres angelicales infantuelas que nacerían de vuestro fecundo seno para mayor gloria de la ya gloriosa casa de Montespan 

¿Podréis perdonarme , señora? ¿Podrá vuestra legendaria clemencia tener piedad de este pobre cuitado, imprudente, estulto y obsoleto esclavo vuestro? 

Dejad, dulce enemiga, dejad que me excuse quizá con vanas palabras; vanas, pero no por ello menos sinceras. 

En verdad he creído que estabais en estado de buena esperanza. ¿Por qué? , os preguntareis. Pues bien: debo reconocer que no fue ajeno a mi desvarío una extremada dosis del medicamento andino que vos me habíais recomendado y regalado. Cierto. Está visto que deberé substituirlo por esos cordiales a los que vos estáis tan acostumbrada y que con sin par gracia ingerís directamente de la botella y que tan saludables efectos os producen – nunca había visto bailar las danzas del vientre con tanto acierto como vos lo hacéis , una vez tomada esa espirituosa medicina, y cantar “Asturias patria querida”, dos octavas mas alto de lo habitual, y con tanto estilo y entonación-  

Por otra parte, el hecho de que hayáis echado de vuestras cocinas a las mucamas y vos misma os hayáis puesto a amasar pasta italiana para vuestros invitados, substituyendo el historiado miriñaque por el albo delantal, y cantando canciones napolitanas (amén de alguna que otra seguidilla murciana que no sé de donde diantre la habéis aprendido) me hizo sospechar, y no solo a mi, sino también al caballero de Mercoûche que esperabais una fasta noticia.   

Todo ello mezclóse en mi obnubilado sentido con la información que se me dio sobre la gemela de Maria de las Mercedes de Montpensier, la bastarda, nuestra Charito. Y he aquí el resultado. 

Abundando en el tema tengo que indicaros que no es raro que confundiese los términos, dado que, como vos ya sabéis, Maria de las Mercedes se ha quejado públicamente en vuestra casa y en la mía de su dolorosa esterilidad, ha sufrido mucho por ella, y, en su desvarío (antes de caer en el paroxismo demencial que ahora la aqueja) ha llegado ha pensar en alambicados métodos de adopción y de fraude para tener descendencia, cosa que hasta ahora no ha conseguido a pesar de los innumerables varones que han vertido su semilla en sus condales entrañas. Siendo así que Maria del Rosario es hermana gemela suya, inferí, erróneamente, por lo que se ve que ella también era estéril.  

No creo, por otra parte , que la bastarda Montpensier esté encinta. De ser así, los hados no lo quieran, me permito haceros ver que los planes que teníamos para salvar el Condado de los Vergeles correrían grave peligro.

Señora mía, ángel mío, mi adorada enemiga, os ruego otra vez que perdonéis mi imprudencia. Haced de esta carta el uso que estiméis oportuno como desagravio. 

Besa con devoción vuestras blancas manos este execrable y estúpido 


Joam de Monte Carmelo

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