MISIVAS DE LA CORTE (55)

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 1ª De S.A.D. María Manuela de Montespan 
a Fra Arnaldus de Gràcia

Reverendo Pater,

Leo vuestra misiva con franco interés, pues ha sido casi coincidente vuestra información con la recibida de ciertos colaboradores míos, sobre esos hechos que relatáis que, reconozco, me han inquietado, hasta el punto de tomar yo misma el cálamo y responderos personalmente.

Sabedora del delirio transformista de la Condesa de Los Vergeles, he asistido con indecible tristeza, al espectáculo de cómo la enfermedad ha degenerado en locura trasgrediéndose todos los límites de lo racional y de lo humano. Siendo así las cosas, he determinado que no puedo permanecer por más tiempo impasible ante la evidente decadencia e inevitable muerte de mi Siglo, si bien, haré lo que esté en mi mano para que la herencia que dejemos a los que nos sucedan no sea gravosa.

Por tanto, Fray Arnaldus, os declaro formalmente bajo mi protección personal, que podéis usar como convenga a la causa de la Razón y la Verdad y os conmino a que cumpláis el siguiente encargo que procedo a encomendaros.

Con esta carta os acompaño dos cofres de metal, de idéntico peso, uno con forro de cuero malva y el otro de cuero verde. No intentéis abrirlos por la fuerza o con ganzúa, pues en ello os irá la vida: y Vos, que conocéis el alcance de mi mano, sabéis que será así. El malva lo llevareis el día de San Juan, después de la Santa Misa de las doce del mediodía, que sin duda os confortará asistir a la misma, al baptisterio de la Colegiata de Lorca o como se llame esa villa endemoniada. En la fecha, hora y sitio antes mencionado comparecerá ante vos una persona que reconoceréis como enviado mío, por portar al cuello una cadenita con dos llaves y un abanico malva en la mano. Acercaos a el y decidle: “Como aprieta la calor cuando es San Juan Maricón” y el habrá de responderos “Si, es una cosa mala, aunque igual haremos la michironada”. Comprobado ese extremo, le haréis entrega del cofre y el os hará presente de una de las llaves, con la que podréis abrir el que tenéis en vuestro poder, de color verde, pudiendo entonces disponer de lo que en el encontréis para vuestros designios. 

Os conmino a guardar secreto sobre todo lo escrito, pues en ello va la suerte de muchas personas que solo desean el triunfo de lo racional y lo humano sobre la locura y el desvarío. Evitad en todo momento a la Saler, que es la mujer vieja que mencionáis en vuestra carta, pues es bruja de gran poder que, sin duda, por mucha advocación a todo el santoral que invoquéis, hará de Vos ingrediente de alguna de sus pócimas. 

Quedad con Dios, Pater, y que El os proteja.

María Manuela de Montespán, Duquesa
(de su puño y letra)

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