MISIVAS DE LA CORTE (56)

Al menú de la Corte

2ª a S.A.D. María Manuela de Montespan
Del Frayluco Arnaldus de Gràcia 

Alta y Soberana Señora: 

Palabras me faltan para agradecer a vuestra munificencia los dineros con que me habéis socorrido y que me permitirán iniciar en estas tierras mi labor pastoral . He de deciros que junto con vuestra bolsa y a la par que con otra bolsa del Duque de Monte Carmelo, también han llegado a mis manos esos misteriosos cofres que guardaré como si de una reliquia de San Prepucio se tratase. Llegóme todo ello por conducto de “el rata” , ese bravo lorquino del barrio de la Loma, que fue quien os entregó mi anterior misiva y que también os entregará ésta, dispuesto mozo este “rata”, garrido y valiente, si bien algo amigo de lo ajeno (todo hay que decirlo), pero que goza de mi total confianza..

Expresóme el rata en su jerga de urbano iletrado, la admiración que le causó vuestra gentil figura (si bien él lo dijo de otra manera) y vuestras delicadas y aristocráticas formas, “Buena jaca tenéis por amiga, pater, - me dijo-, que seguro que oculta entre sus sayas un jinjolito sin espinas al que me gustaría hincar el diente” Ya veis, Señora, hasta que punto es necesaria mi presencia en este condado para salvar estas almas descarriadas. Naturalmente le impedí que siguiese con ese verbal desatino y lo castigué conminándolo a que me azotase en las posaderas con una correa que tengo para estos menesteres, ya que siendo como es el mancebo, sencillo , y considerando que me ama más que a ese padre que nunca conoció, yo sé muy bien que los latigazos que yo sufría le hacían mas daño a él que a mi mismo. ¡Sea bienvenido el martirio¡ 

Dejémonos, pues, de circunloquios ya que debo explicaros que conseguí salir de la prisión #sureste gracias a los inestimables servicios de uno de los guardias de esa Saler, un individuo que, parece ser, forma parte de una cofradía que está en franca oposición al desgobierno del condado. Guióme el guardia por los vericuetos de un horrendo subterráneo, hasta que vi la luz de las estrellas después de haber recorrido lo que a mi se me antojó varias leguas . Y yo me pregunto, Señora, ¿Debo entender, según vuestra carta, que la condesa de los Vergeles es esa mujer barbuda que se hace llamar Odysseus, príncipe de Eden?¿Es posible que lo que mis ojos vieron en el Auto de Fe de aquella noche fuese un intento de destruir toda memoria del antiguo condado de los Vergeles?¿Esas fabulosas cataratas Montpensier, ese Lago, que dicen que existe y que nadie ha visto, son pues una mistificación gigantesca? Si bien por aquí se comenta en voz baja que la locura hereditaria de los Montpensier se ha cebado con especial saña en la última de sus herederas, Doña Mercedes, (aquí el vulgo la llama La Michirona), a mi razón repugna el creer que todo un pueblo se haya dejado engatusar por semejante novela de caballerías. Pero puesto que vos lo decís, y yo lo estoy viendo, y, además, he tenido acceso a unos documentos que no son en absoluto secretos y que están reunidos en un llamado “CRONICON DE EDEN”, tendré que pensar que toda esta farsa es cierta.  

Dejando a parte, entonces, todos estos asuntos que me turban lo indecible, os comunico que al día siguiente de todo esto, y con ayuda de “el Rata”, conseguí apalabrar la compra de un figón en la plaza de la Virgen de la Amargura, figón que pienso habilitar como Misión con la ayuda del oro que me habéis enviado. Os informo también que dado que la policía de la Saler, la siniestra Sekuritate, anda tras mis pasos, he creído conveniente hacerme con un disfraz adecuado a fin de no ser identificado. He adquirido a precio de saldo, a un buhonero que por estos pagos andaba, unas ropas de gitana húngara: una hermosa saya de dril con volantes de diferentes colores y un blusón de pronunciado escote con lunares amarillos y verdes que deja adivinar mis apetecibles pechos (¡Ay Señora, por qué Dios me concedió esta belleza mía, que es una maldición!). Completa el atuendo un gayo pañolito para la cabeza, del que cuelgan tintineantes monedas de oro, y del que se escapan unos tentadores rizos rubios que me he fabricado con las barbas de un chivo viejo semialbino, y que nadie diría que son de artificial factura. Los mozos de la ciudad me cortejan , Señora, pero , a pesar de ello, creo que es lo mas conveniente para atraerlos a mi Misión, y, al mismo tiempo pasar desapercibido. Al mismo buhonero le he comprado también unos extraños pero útiles adminículos que vienen de Europa ,  para la higiene de las letrinas, escobillas les llama él, puesto que de escobas chicas son remedo,  y de los cuales os envío una muestra para que comprobéis como adelanta la ciencia en este siglo. Fijaos que llevan escrito en el mango una especie de divisa (el buhonero me dijo que eso era el “copirrait”), que reza en buen latín “Mater Tere fecit”. Si no fuese por lo que vos y yo sabemos de nuestra monjita, pensaría que son un regalo del cielo. 


Señora. Sin más que deciros , por el momento, me postro a vuestros pies con absoluta veneración.


FRA ARNALDUS DE GRÀCIA

arriba        Al menú de Las Cortes

 

Alojamiento Web