MISIVAS DE LAS CORTES (57)

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1ª del Señor de Sven a 
Su Alteza Serenísima Odysseus I de Éden

Queridísimo Odysseus, mi Príncipe,

Sabéis que sigo asiduamente las misivas cortesanas a pesar de no haber intervenido directamente en ellas hasta ahora, en que unos dineros recibidos, y usados, aunque no pedidos, me obligan a explicaros qué destino les di, y por qué.

Aprovecharé para darme el gusto de contaros mi versión de los hechos de la Corte que, con tan poco acierto, son objeto de las cartas, pues sabéis ando cerca de donde se cuecen los más y las más, y por ello me son conocidos varios detalles no relatados hasta hoy, algunos de ellos conseguidos indirectamente con los dineros recibidos.

Del resto de cartas y sus remitentes no conozco gran cosa, y ello me frena, ya que aunque baste la imaginación para suponer lo desconocido, no deseo ahora subirme al carro de los iluminados fantaseadores.

Los dineros se recibieron con placer, pues rápido vislumbré que, lejos de servir a un imposible remedio del Duquesito,  me servirían para convocar ágapes y fiestas a las que acuden, como jabatos a la jabalina, los más encopetados seres que adornan –solo eso— la corte, y recabar de entre ellos los informes con los que completar estas historias que nos ocupan.

Duraron poco, pues voraces son, pero nadie es más parlanchín que un discreto beodo, ni nadie presta sus confidencias con más pasión que un estómago agradecido, y así saqué jugo para muchos frascos, y aunque solo lo mejor os cuento, porque el resto o es sórdido o cruel, como corresponde a los protagonistas, ya hay bastante como para entretener a la corte siquiera un rato.

Así resulta que desconocen quién es 'La' Salar o qué título ostenta (claro que en eso os confundís Vos a menudo)  y se la imaginan a ratos sargento de la legión, a ratos hechicera con olla y conjuros. Ya veis en qué traduce la corte su ignorancia: en sus miedos y complejos. No iban a ser mejores, en esto, que el resto de la humanidad, aunque se les supondrían mejores pensamientos. 

Imposible siquiera insinuarles la verdad de una noble señora, de real casa, la de Bragança que le dio su escudo, tímida, afanosa y cultivada con las mejores de Francia, aunque de origen Luso, discreta hasta extremos incontables, buenaza hasta la candidez .... en fin qué más decir de mi santa madre sin que parezca exceso de pasión filial. 

A Vos se os pretende univocar con la vuestra, Q.E.P.D., como si el hecho de dos personas en una fuese posible más allá de las divinas parafernalias inventadas por los antiguos como misterios solo revelados a los iniciados, para así mejor encauzar sus doctrinas.

Si bien, como sabéis, quien mejores empeños pone en esa imposible unicidad, es vuestro querido, y pocas veces bien ponderado, padre que por razones no explícitas pero que no se me escapan, trata de vestir sus quereres con no pocos ropajes exóticos y circunstancias sublimes, como si al ser humano que es no le fuesen permitidos, al considerar en sus adentros que no es digno de ellos.  Así ocurre que si alguna vez quiso, fue engañado, si amó, fue drogado, y si ahora quiere es por embrujos de una Saler, a la que además de cambiarle el nombre el título y la mancia, ni conoce ni imagina. En resumen que, si he de diagnosticar, su letal enfermedad no es otra que la de estar (aún) enamorado de vuestra madre, y sentir no pocos atractivos hacia Vos, más allá del natural de un padre. Ante estos molinos no seré yo Quijote, ni aconsejaré a nadie que lo sea, dejad pues que la naturaleza cumpla su función, y acabe dignamente con sus sufrimientos, que ningún remedio hay conocido para tales males. 

Por otra parte, o mejor dicho, otro sector de la corte, (el más libidinoso y glotón) no se preocupa de vos ni vuestra ascendencia, sino de vuestros Títulos, desenvainando sus abanicos ante el solo nombre de Éden o de cualquiera de sus partes, ya sean geográficas o históricas, a las que tildan no solo de inmerecidas, sino de imaginarias. Curiosa contradicción esta que hace posible que alguien no merezca algo que luego se tacha de imaginario. 

Los argumentos de esta parte son también adornados por no pocos sucesos que aducen en su favor, bien desvirtuando su auténtico origen, bien inventándoselos de punta a punta, y todo ello con grandes muestras de escándalo con aspavientos, gritos e invocaciones a las costumbres, como si estas fuesen algo distinto que lo habitual e impusiesen su ley mas allá de sus días.  Tampoco faltan ataques al honor de habitantes e instituciones a las que tachan, sin haberles dado siquiera el estatuto de existentes, de crueles, dictatoriales y fanáticas. De nuevo resulta curiosa la contradicción de aducir maldad en algo que, se dice, no existe. 

El resto de la corte tan solo jalea alegremente las ocurrencias de una y otra parte, y tanto mas jalean cuanto más imposible les parece lo urdido. Así hemos visto Tormentas en Lorqville, autos de fe, invasiones de ratas en Castrelos, partos, trueques y viajes con o sin piratas, disfraces por doquier, inventos con el panizo, puertos de mar que desaparecen y hasta triángulos Berduleros que hacen crecer a fetos y a la jornada siguiente son fetos de nuevo, y ... en fin ..., ya sabéis. 

Con estos conocimientos adquiridos doy por bien empleados los dineros recibos, pues si los hubiese dedicado, siquiera una parte, al Duquesito seguro que solo hubiera contribuido a prolongar sus vicios o, por qué no, a descubrir alguno nuevo. 

Un abrazo querido amigo, mi Príncipe
Sr De Sven

 

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