MISIVAS DE LAS CORTES (58)

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5ª de Su Alteza Serenísima Odysseus I de Éden
al Señor de Sve
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Palacio de Summa Felicitas
Ithaca, Principado de Éden

Mi querido Señor de Sven,

No sabéis cuanto me alegró vuestra misiva y cuanto más me alegraron vuestros informes. Los dineros destinados al Duquesito eran para ser usados en su bien, no para ser usados por él, fuera este su bien o no fuera; así que si lo habéis hecho para recabar informes que en un futuro puedan servir para cualquier equipo de psiquiatras bien hecho está. Cada vez más, pienso que esta corte esta un poco loca. No que yo dude de mi propio juicio, pero estoy prevenido contra los juicios ajenos que, creyéndose cuerdos y pontificando sobre la locura, debieran mirarse y remirarse antes de lanzarse como imprudentes observadores a juzgar presuntos desvaríos ajenos.  

Así que me veo tratado de impostor, impostándome a mi mismo y ocultando que yo no soy yo sino la Serenísima ( y difuntísima) Princesa de Éden, María de las Mercedes, mi madre querida, cuya memoria descansará en paz, si la dejan algún día descansar.  Pienso que el anuncio de su muerte debió hacerse como aquella historia graciosa del gato que se había subido al árbol, que vuestra madre me contaba para decir que las cosas graves no hay que soltarlas de sopetón sino decirlas avanzando un posible desenlace trágico. Así debiera haberle dicho a la Corte el primer día que "Su Alteza Serenísima se ha subido a un árbol" y el segundo día que "Su Alteza Serenísima no baja del árbol" y así hasta que, finalmente, Su Alteza Serenísima hubiera muerto cayéndose del árbol, por más que esto no fuera cierto, pero es que así es el chiste. De chiste será, veréis, los comentarios que surgen de este que os he puesto a modo de ejemplo. En fin, que doy por perdida la cordura de este grupo de nobles que, en su tiempo, adornaron con gracia el Gotha y que ahora están únicamente para montar conspiraciones de opereta. 

A esa motivación sobre el amor perdido del Duquesito, que en vuestra carta apuntáis, y que mas que perdido fue rechazado por el propio Duquesito según los diarios de mi madre, tengo que añadirle el ensañamiento particular de la Montespán, que yo creo que se debe a que en cierta medida ha perdido el papel de árbitro en la Corte. Desde que mi madre renunció, sin tener la consideración de pedir permiso para morirse, se empeña ella en dar la puntilla a mi madre, que esta ya muerta. Es matar a un cadáver. Pero aparte de no dejar en paz a mi madre no deja en paz a mi principado.

 

Por si no os habéis preguntado como es posible que Mount Karmel tenga suministro de esa harina andina sin restricciones y sin merma aparente de su patrimonio -que es cara la dichosa harina, parece ser-  os avanzo las conclusiones preliminares del Justicia Mayor Alexx de Kidd - ya sabeis, de los Kidd del Capitán Kidd- sobre la implantación de redes de narcotráfico en el principado. Esa  fue, precisamente, otra de las causas de la expedición de la Sociedad Geográfica del Principado. Entre ellas tenía a expertos botánicos que iba a confirmar, sobre el terreno, lo que el satélite de inspección apuntaba: que los campesinos de la zona norte estaban siendo obligados por cierta mafia dirigida por un cierto personaje llamado La Padrina a plantar cáñamo y otros cultivos ajenos a la tradicional agricultura del Principado. En ese informe están implicados otros personajes de la Corte. 

Creo que todo lo que esta sucediendo, con el frailuco que, hasta donde yo sé, sigue de compañero del hermano de la Marquesa del Yermo y de la Vega, y otras cosas, como cierta hermandad mafiosa que llaman los Azofaifos y que pretenden, sin conseguirlo, quitarme el cariño de mi pueblo, tienen mucho que ver con este tráfico ilegal de sustancias estupefacientes. 

Por cierto que Sven me ha pedido licencia sine die para ir a serviros. Puesto que tan bien sirvió al Principado desde los tiempos del Pabellón, acordaos, no he podido negarle tal cosa. Creo que va a hacer efectivo vuestro título. De hecho, y sin que sirva de precedente, es él quien porta la misiva. 

Recibid mi más sincero agradecimiento por los servicios que me habéis prestado y mi amistad más sincera 

Odysseus I de Éden
Principe de Éden

Palacio de Summa Felicitas
Ithaca, Principado de Éden

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