MISIVAS DE LA CORTE - (59)

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Dom Joam, Duque de Montecarmelo,
de
Victor1, secretario 

Señor, Altísima Alteza Ducal,

Me dirijo a Vos por indicación de mi Señora la Duquesa, que lleva días indispuesta desde que tuvo acceso a determinada información sobre M. De
le Mercôuche, al parecer aquejado de delirio y de insania.

Como contribución mía a lo que seguirá os he de decir que Doña María Manuela ha entrado en un ataque de melancolía que nos tiene preocupados a todos en palacio, pues no es normal de la Señora, con el carácter que sabéis tiene, que se pase las veladas enteras sola en el gabinete de música tocando el clavecín arias tristísimas –tengo la impresión de que las improvisa, a juzgar por las disonancias- hasta altas horas de la noche, alumbrada por dos candelabros mientras sus gatos la miran con expresión interrogativa respecto de los delirios de su ama. En suma, mi Señor: vuestra pariente parece disgustada en grado extremo y me hace temer que nos salga con alguna iniciativa de las que todo palacio corre tras ella: Vos me entendéis, no hace falta que me explaye. Retomo el dictado de Doña María Manuela, pues observo que enarbola su abanico malva, lo que me hace venir a la memoria un sabor a grelos que desearía olvidar.

Me indica la Duquesa de Montespan que os comunique que ha tenido acceso, por medios que no viene al caso relatar, a determinada comunicación de M. De le Mercôuche, que, al parecer, se ve aquejado de delirio insano. En efecto, se ha visto a tan insigne señor paseando por los jardines de su villa del paraje extra mura con un raro gorro con cascabeles y tres puntas, que al parecer es el distintivo de la Corte Fantasma de Ithaca –allá donde antes estuvo Lorca-. Don Mercurio daba grandes voces repitiendo con insistencia un raro adagio: “
¿Qué dice la Ley? La ley dice: Lo que fue no es ni nunca fue”...Siempre los franceses fueron excéntricos, pero se ve que algo hay en esto que alteró a la Duquesa, pues cerrando de golpe su abanico al tener noticia del desvarío del noble galo salió de la estancia con cierta violencia, murmurando algo como “...y qué cabe esperar de quien come  rábanos  con mantequilla...”  


Asimismo la Duquesa dice que estando las cosas de este grave modo, ha de tomar la iniciativa, y os conmina a que no dejéis de lado el arcano de vuestra ascendencia, la de la extinta Casa de Barcelona, la que siempre metió las narices,.... perdonad, Sire, quería decir que siempre tuvo presente la misión de Estado por encima de cualquier interés particular.... Dice la Duquesa que, y reproduzco literalmente porque así me lo ordena, que os metáis los polvos de los Andes donde la vergüenza de la que carecéis, quitéis la polilla a vuestra levita y aprestéis el carruaje, que en breve será preciso emprender viaje para dar cese a toda esta locura y que está decidida a usar incluso su ascendencia de Habsburgo para apelar a Mari Tere –lo ha dicho ella, no yo, Sire, que no llamaría así a la Emperatriz, pero como es su prima, al tratamiento dictado me atengo- 

Sire, tengo miedo; Doña Manuela está fuera de sí; temo lo peor. Ha roto ya tres abanicos abriéndolos y cerrándolos furiosamente, y diría casi, pero no oso porque sería faltar a mi Señora, que ha entrado en la casi misma locura que aqueja a esta Corte...¿Será cierto lo que anunció Doña Manuela de que con ella acaba el Siglo? 


Beso vuestra Ducal mano.


Victor1, Secretario de la Casa de Montespan

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