MISIVAS DE LA CORTE  (60)

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3ª  de S.M.A.S  Doña Yorelia de Manzanares y Winter,
 Marquesa del Férreo Camino

  a   S.A.D. María Manuela de Montespán,
Duquesa de Montespan

Querida Manuela,

Aquí estamos de nuevo, a los quehaceres diarios después de mi periplo, porque periplo fue un viaje que empezó con intenciones de relax y acabó en una aventura. 

Resulta que mi querida amiga Carla D’Avila, Señora de la Mamporra, una amiga ajena a la Corte o, si acaso, fugaz visitante de ella, es muy aficionada a las plantas, y quiso hacer esta excursión tranquila para estudiar la flora de las colonias Baleares. Yo, como tonta que soy a veces, la dejé hacer, y que organizara el éxodo.

Me volvió loca; que si primero a las colonias sureñas frente a Marruecos, que si luego a Akra Leuka a visitar a una bruja ( a lo que le dije que no espantada creyendo que podría ser La Saler) y al final, a última hora, decidió que a los pazos de tu querida prima Maria Antonia, baronesa de Ibiza. 

El caso es que fuimos en un bimotor, cuando lo mejor hubiera sido ir en una galera como aquellas que usaba el Dux de Venecia, para tener tiempo durante el journey de lucir todos los modelos de pamelas que hice poner en mi equipaje compuesto de catorce baúles. Ahorrativa en esfuerzos innecesarios y solo con ropa sport, pues pensé que iríamos al campo, tratándose como se trataba de plantas, hice un alarde de economía en bagaje y solo me llevé lo mas esencial. En fin, el caso es que me vi subida a uno de esos aparatos que te despegan del suelo y que me aterrorizan. Y no te quiero contar como es el servicio de a bordo. Bueno, si que te quiero contar....... 

Primero nos subieron a una especie de camión para ganado, que nos llevó hasta la nave, sin una atención para con tan distinguidas clientas. Nos pasearon por una vastísima (vasta es grande, no es que te esté insultando) extensión hasta dejarnos al pie de aquel infernal aparato. Luego, una vez dentro, nos ataron a los asientos, como si fuésemos locas, fíjate,  arrugándonos los trajes de seda que llevábamos (al menos yo, porque Carla es mas suya). De pronto el aeroplano ese, no se si para asustarnos o si era realmente necesaria una maniobra como esa, cogió una velocidad endiablada en milésimas de segundo. Tan deprisa que el rimel se me corrió de tal manera que me chorreaba por la nuca, las pestañas postizas las encontré en el lavabo cuando fui a miccionar, los zapatos me los acercó un caballero que se sentaba cinco filas mas atrás, y el sostén se me rompió por la parte de delante. 

Una vez que el chisme ese se despegó del suelo, empezaron a pasear carritos llenos de repugnancias que nos hicieron tomar en pro de una mal entendida atención al viajero. ¡¡¡Y esas camareras!!! ¿de donde las sacan? ¿del arroyo? Ay, Manoli, no se puede ser más ordinaria, más vulgar, más lerda. Vamos, que ya quisieran para sí estas compañías a mi Marianela o incluso a Charito, que al menos tendría el biplano como los chorros del oro, claro que iban muchos hugonotes, y dudo que Charito se hubiera entendido con ellos. El caso es que a diferencia de la galera, con este aparato llegamos en una hora, gracias a Dios.

Eso si, las camareras fueron tan maleducadas, que al salir, mientras nos despedían en la puerta, me tiré un pedo por toda despedida.

En la colonia, nos bajaron igual, camión de borregos hasta el edificio civilizado, pero una es muy de mundo y enseguida se hace a todo. Ya no me sorprendió.

Contratamos un coche de alquiler, así iríamos tomando contacto con los habitantes del lugar, y haciéndonos a su lengua y su acento, que por lo visto, por ser colonizados, son irreverentes, y hablan con otra lengua (otro idioma, no es que tengan dos lenguas, son humanos también, aunque no lo creas). Para integrarnos entre los aborígenes de la colonia, acordamos entre las dos llamarnos por nombres que fueran típicos de la zona. Así, Carla pasó a llamarse María D’alt Vila y yo María de Ses Pitiusas. Ah, aun recuerdo aquel viaje a Lusitania, en que nos pusimos los nombres de María Da Saudade y María Do Fado, y aquel a las Galias, en que nos llamamos Marie Sur Le Mer y Marie Dequelquechose.... Eran otros tiempos.....

El hotel........ que te voy a contar del hotel. Yo creía que Carla habría contratado un balneario, pero la muy loca se había dejado aconsejar por una vulgar tratante de viajes, y resulta que el susodicho hotel estaba en las inmediaciones del maldito aeropuerto. Eso sí, tuve tiempo de estudiar los bajos de los aviones, pues daban con las ruedas en la barandilla del balcón.

Bueno, una vez situadas y centradas en los estudios de Carla (que no sé porqué estudia, si con casar con buen caballero tendría solucionado el futuro, como cualquiera de nosotras) fuimos de campo a vereda y de vereda a zarzal, e incluso, nos pusimos en contacto con tu prima, aficionada a las plantas también. Por cierto, tu prima te manda muchos besos empolvados. Solo vimos a la Baronesa de Ibiza en una ocasión, pues con las manías de Carla y que  Maria Antonia tenía alojadas en palacio a dos Condesas de la Casa Germánica, no quisimos desbaratar sus planes y fuimos discretas.

Una vez terminados los estudios de Carla, y sobrándonos tiempo, pues fuimos para cuatro jornadas con fin de semana en medio, optamos por visitar sus museos e informarnos un poco sobre la historia de estos colonizados. Mira Manoli, yo no sé como el Ministerio de Cultura no controla los edificios donde funda un Museo, pero entramos a uno, creyendo que era de historia romana, pues en la puerta ponía “ánfora”, que para que te voy a contar... Bueno, si, te voy a contar.

Una vez visitadas todas las salas, entramos en una que yo creo que eran catacumbas, pues luz no había ninguna, y al rato de estar paradas, para ver si la vista se acostumbraba a la escasa iluminación procedente de lo que ahora sé que eran luces de emergencia, empezamos a oír gemidos, lamentos y golpes que parecían azotes. Yo estoy segura de que eran catacumbas, y que los espíritus atormentados nos intentaban decir algo. Petrificada por el pánico, no pude moverme en un rato. Respetuosa como soy con los muertos, dejé que un espíritu se comunicara conmigo, algo soez, pero ya sabes que a este tipo de almas es mejor dejarlas hacer. Así que cuando sentí que mis nalgas eran acariciadas me tensé como un arco. Cuando noté que el aura (o lo que fuera) del espíritu intentaba metérseme dentro para poseerme y que yo hablara por él, ya fui toda piedra, y no hubo quien me moviera del sitio en un buen rato, pues tardé en desentumecer todos los músculos de mi cuerpo y poder volver a caminar.

Una vez que pude articular de nuevo las funciones normales de mi garganta, y con gran pánico, conseguí pronunciar con un hilo de voz algo así como: “Carlaaaa”, para ver si conseguía encontrarla entre tanta oscuridad, pues del susto de la posesión del espíritu, la había perdido. Solo oí entre los lamentos (que seguían) un “mmm” y algún chasquido de lengua, con lo que colegí que ella también había sido tomada por algún espectro en el limbo. Agucé mas el oído, por ver si por medio de Carla conseguía traducir lo que los espíritus querían decirnos, pero solo oí un largo y quejumbroso lamento final, algo aterrorizante, y un ruido de las sedas del vestido de Carla. Guiada por este ruido, fui detrás, e increíblemente di de bruces otra vez con la sala por la que accedimos y con Carla, que también temblaba, claramente por haber sido víctima de otra posesión.

Para pasar este mal rato, nos acercamos a una licorería. Si Manoli, bebimos para pasar el trago, pues nos había dejado un amargo sabor de boca. Y después de este trago, no volvimos a hablar del tema, pues aun me dan escalofríos al recordarlo.

Pasamos el resto de la estancia en el hotel, estudiando los bajos de esos aparatos que nos habrían de devolver a nuestras residencias respectivas. La vuelta fue igual, solo que esta vez, en lugar de la despedida de la ida, lo que hice fue eructar a la salida, para que quedará clara mi desaprobación del servicio que se presta en esos chismes del diablo. Eso si, le dejé en el respaldo del asiento de delante todo lo que nos ofreció la compañía y la cena del día anterior, que no me había convencido mucho, la verdad.

Manuela, no estoy hecha para salir de Mandergay, donde me encuentro tan protegida y tan autoritaria.

Un beso escocido.


D. Yorelia de Manzanares y Winter
Marquesa del Férreo Camino
Mandergay 

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