MISIVAS DE LAS CORTES (62)

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2ª del Señor de Sven a 
Su Alteza Serenísima Odysseus I de Éden

Queridísimo Odysseus, mi Príncipe,

Recibo con cariño siempre Vuestras letras, aun cuando, como en esta ocasión, no entienda gran cosa. Quizás se debe a que estoy en ese estado de inconsciente levitación, mitad bobo, mitad iluminado, que produce la mas antigua, barata y difícil de encontrar de las drogas naturales (que no por echa por el hombre, adquiere naturaleza de artificial, y por ser entre varones no merece -como a menudo se le da- la de antinatural) y que ni los poetas alcanzan a definir, y yo ni me atrevo a nombrar.

Ya veis los efectos de haberme enviado en tan gentiles manos Vuestra anterior misiva; Solo espero que esta amabilidad que envuelve mis días perdure lo justo para acabarlos, que muchos no han de ser ya, y si por ello he de recibir la ironía de unos o la burla de otros, bienvenidas serán, pues al cambio salgo ganando de lejos.

Despreocuparos de mi salud pues si la pierdo será por justa causa, y si de mi mente se trata, despreocuparos también, que ya no hay remedio, Sven la ocupa toda.

Volviendo a Vuestra carta, y ofreciendo reprimenda por reprimenda, me atrevo a destacar, como algo a corregir, la constante alusión al Justicia, dado que quien tal nombra parece, frecuentemente, que la usa de escudo de sus debilidades, pues es práctica habitual en estado menos democráticos que el nuestro (que tan dignamente Regís) el empleo de la justicia como brazo represor de políticas de otra forma insostenibles. Para que tal no parezca, y habiendo precedentes de Amnistía, ruego de vuestra bondad y acertado criterio, la liberación inmediata de todo reo de 'practicas poco habituales', ya que, no tardando, ellas serán comúnmente aceptadas por la sociedad, y ser de los primeros en admitir como normal lo que el pueblo ve como normal (...) ha de ser uno de los elogios que más me gustaría os aplique la historia.

Afortunadamente, a final de mes, se conmemora la fiesta de nuestra Liberación, ocasión más que suficiente para abrir rejas y sonar coplas. Incluso estoy pensando en comprobar la liberalidad del Justicia acudiendo yo mismo en parecido disfraz de zíngara, con algún toque Castellano Manchego, o ¿porqué no? con el gorro cascabelero ese.

 

En tocando a mi excentricidad reciente, solo me queda confirmarla, y como se dice en nuestra tierra, ¡con dos cojones!, que muy contento me tiene y no es cuestión de negarla para acallar bocas mojigatas o retrógradas, al contrario, ¡que se humedezcan de envidia!.

 

Bien es cierto que, por presumir de gustos, ahora he de corregirme, rectificando lo dicho en otras ocasiones. Y es que al final resulta certera la sabiduría popular (a pesar de los detractores que la tachan de no ser ni una ni otra), y en mi caso diré aquello de 'nunca digas de este agua no beberé ni esta polla no me cabe'. Creedme amigo que no empleo la vulgaridad en vano.

 

Cambiando de tema, que ya vale de silogismos, continúa mi memoria revuelta con lo escuchado a fuerza de ágapes, y me asaltan a veces dudas, no ya de la veracidad de lo que me contaron, -supongo todo cierto dado el ambiente en que conseguí las confidencias- sino de la conveniencia de desvelarlo. En fin tampoco es problema que aqueje mi conciencia, ni la conciencia pública, pues una y otra están deseosas de chismes cuanto mas indiscretos mejor. El problema sería que se molestasen las partes afectadas, ya que sensibles son --como todo ser vivo-- a que sus cosas anden en negro sobre blanco, sobretodo si son esas cosas.

 

Por todo ello, no os contaré que me dijeron que la Condesa del Put i Ferí ha contraído de nuevo aquella horrorosa enfermedad que no la consume a ella sino a sus conocidos, ya que todo el que toca su piel se queda sin cojones. Es preocupante verla de nuevo afectada, a pesar de las múltiples curas que recientemente recibió, y de los desinteresados consejos que todos le dimos. Pero ya sabéis que si uno no quiere sanar, ni el mejor galeno obra  milagros.  Además me temo que verá reducido su círculo de varones amigos, por lo que la caída en brazos de Safo, otrora conquistadora de la voluntad de la Condesa, sea de nuevo inevitable.

 

Tampoco os contaré, como me los han relatado, unos escandalosos episodios en el palacio Ducal, según los cuales en medio de concurrida cena, la Duquesa accedió a mostrar sus turgentes senos, con el solo fin de complacer a sus sátiros solicitantes. Se escucharon halagos, entre la lujuria de unos, la pasividad de otros, y la risa de los más, pero cuando uno la calificó de belleza, fue cuando alguien comentó 'admitiremos belleza como licencia literaria'. Este bochornoso trance no intimidó a la Montespan, que repitió escena en dos ocasiones más.

 

También omitiré contaros que el Duquesito ha cambiado de carruaje, pues ya le era imposible pasar desapercibido, por muy oscura que fuese la noche, en sus correrías montaraces, y las piedras cepas y arcabuces que le tiraban habían desmerecido la prestancia del antiguo a fuerza de bullones, hasta hacerlo parecer un buhonero. La nueva carroza es menos discreta en su color, pero más en su tamaño, y por moderna, más cómoda, salvo a la hora de entrar y salir en que hay que accionar unos extraños engranajes que desplazan los asientos, abaten los traseros, elevan no se qué ... en fin un lío.

Lo que no os contaré bajo ningún concepto son los rumores que ligan de forma temporal a la señora de La Bahía con un Alférez de navío; Nada, que me niego.

Aunque tengo más cosas que no contaros, lo dejaré para otra ocasión, que ahora Sven llega de sus agotadores estudios y requerirá de mis cuidados para recomponer su ánimo, lo cual, como ya supondréis, me llena de ternura e ilusión.

Un abrazo querido amigo, mi Príncipe
Sr. De Sven

 

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