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¿Contranatura?

Por: Odysseus

Contranatura

Según el informe Kinsey, y haciendo una extrapolación que quizá a algunos les parezca exagerada, en el mundo, con el nacimiento del bebé 6.000.000.000, somos, nada mas y nada menos que 600 millones de mariquitas/gays. Esta secreta nación que no tiene ni Parlamento, ni Jefe de Estado pero si una serie de testas coronadas que son de escándalo (mucha reina, ya le digo) las ha pasado de mejor o peor manera desde hace así como 2.000 años, según el lugar y el sitio que se diera. El caso es que, en algún lugar del mundo ha nacido ya, por la lógica de la estadística, el mariquita 600 millones.

La cifra es redonda. Tenemos mas habitantes en el país del Arco Iris que población en Estados Unidos. Y a pesar de todo eso seguimos siendo considerados, en algunos países, como la escoria de la humanidad, contranatura, y otras cosas horrorosas que ya sabéis y que yo no me voy a explayar en contaros. Además, en varios, la mayoría, hay leyes que penan las relaciones sexuales consentidas entre individuos del mismo sexo en todo o en sus varios grados –felación, sodomización- dándose la curiosa circunstancia que, por ejemplo, en Estados Unidos según donde estés así será lo que hagas prohibido o no prohibido.

Bueno, pues parece que las perspectivas si bien se muestran moderadas en el ámbito de la cultura occidental, que ya era hora, no así en el ámbito de otras culturas, como puede ser, por ejemplo, la islámica, especialmente en aquellos países donde se ha desarrollado la vertiente mas integrista de la misma. En Europa empiezan a conocerse casos de petición de asilo por causa precisamente de tendencia sexual. Y siempre, por supuesto, los insultos, el innuendo y lo homosexual como algo que ha de esconderse, como una cosa que ha de cerrarse a cal y canto para que no salga. 

La propia Iglesia Católica, como no podía ser menos, viene a establecer que mientras que uno sufra en silencio su homosexualidad, como las almorranas, bien, vale, de acuerdo, pero ni una tanto así mas.  Por supuesto, el acto sexual ha de dirigirse a la procreación “Creced y multiplicaos” dijo el Señor y su mandato, algunos mas que otros, lo han llevado a rajatabla –miren si no los seis mil millones- y evidentemente el acto entre dos individuos del mismo sexo, salvo milagro, no lleva, en absoluto, a la procreación.

Bueno. Parece que el plan divino no esta tan claro desde el principio. Resulta que se han contabilizado comportamientos homosexuales en 470 especies animales, de los cuales los primates, tan monos ellos, son los mas propensos a este tipo de relaciones. Con lo que aquello del comportamiento contranatura lo será pero menos, o al menos Su Divinidad erró de manera bárbara con Sodoma y Gomorra – o pensamos que erró porque el pecado de los sodomitas no es por el que vulgarmente se les conoce, esto es, por querer beneficiarse a unos ángeles del Señor, pero eso es otra historia- . O sea, que a los osos y a las jirafas, por poner un ejemplo, les va la pluma. Incluso dentro de los comportamientos heterosexuales parece que determinadas especies de primates copulan para mantener la paz del grupo –ningún ansiolítico mejor que un buen polvo-. Los delfines también lo hacen por placer, pero no es de esperar que el Papa se ponga el traje de submarinista para decirle a estos simpáticos animalitos aquello de “Delfines, arrepentíos”. 

Es más, el ser humano mantiene una de las maneras de copular mas raras. Aparte de que lo pueden hacer sólo por diversión (lujuria, que lo llaman) lo hacen ocultos, cosa rarísima en la naturaleza. A ver si va a resultar que el que este libre de contranatura que lance el primer anatema, porque en ninguna de las especies de la naturaleza, y mira que hay, se practica el celibato voluntario, salvo en la humana.

Los contrarios a dejar que cada uno consienta en acostarse con quien le de la gana, siempre que este otro haya también consentido, achacan a la propia homosexualidad una serie de perversiones.  A saber. Perversión de menores. Las cifras en España indican que la perversión a menores de un mismo sexo son de –adivínelo usted- un diez por ciento. No cuentan, sin embargo, la alta proporción de suicidios entre homosexuales – ¿para qué?, dirán, son mariquitas-. 



El abuso a menores es condenable en cualquiera de sus formas pero parece que si te beneficias a una bollycao de catorce años eres mas macho que si te lo haces con un efebo de igual edad, quedando en las dos ocasiones, probablemente, como un cretino (pero esto es un parecer propio). Umbral se permite el lujo de las muchachas en flor pero a ti no se te ocurra pasarte un pelo que te canean, guapo.

Luego quedan las dos últimas sacrosantas instituciones del Homo Sapiens: la familia y el ejercito. Estos chicos de la derecha parece que reaccionan al pensamiento como a una cosa que les produce alergia. La mayoría de nosotros no encuentran cómodos –por decirlo de alguna manera suave- sus gustos sexuales. Hasta que te acostumbras. 

Todo ello puede ser en parte a que no tenemos –aunque es una situación que cada vez se da menos- un ejemplo de vida homosexual en pareja y tranquilidad en el que fijarnos. Hasta hace bien poco el homosexual tipo era o bien un psicópata, o un degenerado, o una víctima, alguien con una vida con todos los boletos para una telenovela pero de las malas. Eso, a pesar de muchos, ha cambiado. Y llega el momento lógico e inevitable en que el homosexual se siente lo suficientemente seguro como para querer formar una familia. Y no le dejan. Y ya la tenemos liada de nuevo. Con sólo dejar que formáramos una familia nos tendrían ataditos. Igual que participar en el Ejército. ¿Por qué no?. Somos ciudadanos, al fin y al cabo, y los maricones han ganado y han perdido guerras y batallas.

Gore Vidal ilumina la situación con claro acierto. En una conferencia de prensa en París comentó un dato verídico y esclarecedor: Catherine Deneuve y Saddam Hussein eran heterosexuales. Lo que no implica que ni Sadamm Hussein sea una artistaza que se mantenga divinamente, ni que Catherine Deneuve lance en un momento dado una invasión a golpe de Dior contra Kuwait. Es decir, que somos personitas normales, con nuestros defectos y nuestras virtudes, un diez por ciento de la humanidad muy cuco y sufrido, que vivimos en un ¡ay!, como quien dice, porque a la de tres nos apalean las virilidades amenazadas, o nos insultan por la calle los reprimidillos, o nos apedrean por ser contranatura.  Y de contranatura, por lo visto, nada, monada.

    Odysseus, Noviembre de 1.999

 

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