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El dinero rosa tomó Barcelona

Olvidémonos de Stonewall, si es que alguien se acuerda todavía, y reflexionemos por lo tanto sobre el viejo dicho que reza aquello de que se está condenado a repetir la historia que se olvida.

 

De todas maneras es posible que el paso dado por la comunidad gay sea de tal magnitud que impida cualquier retorno a los orígenes. Me estoy refiriendo, naturalmente, a la aparatosa entrada de lo gay en el consumismo más descarado, en la moda, y en la belleza de la ciudad de Oz; en el valor del Dinero Rosa y en la cultura de peaje que ello genera. Cultura subvencionada evidentemente por sus antaño desprestigiados miembros que a golpe de talonario se han hecho un hueco en la sociedad bienpensante y políticamente correcta que acepta e incluso aplaude que lo gay sea “fashion”, y, sobre todo que sea “asimilable” y “digerible”. Ya sabemos que lo desconocido y arcano da miedo, y que lo diferente debe ser destruido. La bomba de relojería que representó la asunción de lo gay a lo largo de la década de los sesenta ha sido desactivada y, lo que es óptimo, ni siquiera lo ha hecho el sistema, sino que ha sido muchísimo mejor: lo ha hecho la propia comunidad gay. Gracias Boris Izaguirre, gracias Versace, gracias por vuestro glamour. Gracias a los miles de “gente guapa” que sienta un Gay en su mesa sin esperar a que sea Navidad. Gracias bares de diseño y zonas de recreo en las grandes ciudades. Gracias a vosotros, papás y mamás de maricuelas apuradas, que limpiáis vuestras conciencias atribuladas substituyendo el molesto “¡en que me habré equivocado, Dios mío!”, por una presencia activa y vigilante en la desconcertante (para vosotros) vida de vuestros rosas retoños. Gracias partidos políticos por no gasear a tan bellas criaturas, gracias regímenes democráticos por permitir que el gris paisaje de vuestras aburridas ciudades sea coloreado por estos adorables y “controlables” entes de color rosa.

Atrás quedan las visiones de los aburridos Jean Genet, Allen Ginsberg, John Giorno, Tennessee Williams, Foucaoult, Escohotado, Isherwood, Burroughs, Ned Rorem, Gore Vidal, John Rechy, Lou Harrison, Winston Leyland, etc, etc... (Por todos los diablos! ¿Quiénes son esos?).

 

¡Bien por el Dinero Rosa!¡Bien por la permisividad! El pueblo judío construyó el Call de Girona desde su “diferencia” y con oro semítico. Y desde su “diferencia” también le silbó al oído del cristianísimo Alfonso X toda la sabiduría que hizo de Toledo una Nueva Jerusalén. También estos semitas “diferentes”, los valencianos Santangel, le dieron al Católico Fernando el dinero para botar las tres ínclitas carabelas americanas. Y sus miembros fueron padres del Socialismo y de muchas más luminosas ideas. Y también, a pesar de su riqueza, a pesar de su poder, ( o quizá por ello precisamente) en un momento dado, fueron asesinados por millones. El paralelismo puede hacerse evidente. No cantemos victoria.

Y
es que se impone una mirada sobre el soporífero y dulce licor que la permisividad nos está administrando. Es indudable que una parte de la comunidad gay vive mucho más tranquila ahora que hace algún tiempo. Pero no nos llamemos a engaño, estamos comprando esta libertad, esta tranquilidad con el Dinero Rosa. Como ya dije antes la cultura gay es una cultura de peaje, y eso, desgraciadamente, es reversible. No olvidemos Stonewall, porque los acontecimientos que lo provocaron están detrás de la sonrisa irónica de tu vecina del piso de arriba, detrás de la palmadita en la espalda, cómplice, de tu jefe de departamento (este chico es una joya, que competentes que son estos maricones), detrás de la mirada angustiada de una madre cuando ve que su hijito sale un sábado por la noche (¿a dónde irá?...), también está detrás del hermano en la homosexualidad que te considera un degenerado por que eres “promiscuo” y lo pregonas. Los motivos para un nuevo Stonewall están ahí. Obviarlos, olvidarlos es suicida.


Joan1

 

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